Ambos bajamos y él me agarró de la mano. Estábamos en la plaza que estaba a la vuelta de mi casa. Donde viví millones de cosas importantes en mi vida y en mi infancia. Me acercó a él caminando hacia la plaza, hasta llegar hasta el centro de ella. Me miró sonriente, sentía el roció debajo de mis pies en el pasto corto y suave de la plaza. Me miró y me besó- Lo besé como nunca y lo miré a los ojos, a esos ojos que me hacían sentir protegida, en paz, feliz. Sentí un par de gotas que caían en mi cabeza, él miró hacia arriba y se largo a llover de una manera exagerada. Y sí el invierno era así, inusual. Era como esa vez que nos vimos por primera vez, llovía como nunca. Me tomó de la mano dándome un dulce besó y separándose de mí para decir una simples y cortas palabras.-
Paula: Sé que va a quedar como un nene infantil que le dice a su amiguita después de jugar en tobogán, pero de otra manera no te lo puedo decir -me miró fijo y dulcemente me dijo- ¿Querés ser mi novia Pau?
Flashback:
Corrías riéndote a carcajadas, él te perseguía y sí, quién más que él. Tan lindo, tan dulce, tan perfecto. Corrías riendo a carcajadas, solo diez años. Corrías hacia el tobogán tirándote de él a gran velocidad y cayéndote en un arenero toda sucia. Él cayó detrás tuyo y te empujó, te diste vuelta riendo a carcajadas y él te miró con amor. Estaba horrible el día, pero totalmente horrible. Las nubes no dejaban ver el hermoso cielo color celeste, ni el sol que ni siquiera podía asomar sus hermosos rayos- Comenzaron a caer pequeñas gotas que se fueron transformando en gotas pesadas y de gran tamaño. Te miró y te levantó comenzando a correr. Vos reíste, y lo frenaste.
Paula: No te va a hacer nada el agua!
- Sí, tu mamá te va a retar si estás así mojada.
Paula: ¿Tenés miedo?
- Yo nunca tengo miedo.
Paula: ¿Y entonces?
- ¿Querés ser mi novia Pau?
Lo miraste tierna, y sonriente. Te gustaba desde que lo conocías, desde chiquitos. Desde esos seis años que jamás pudiste olvidar y que nunca ibas a olvidar. Sabias que no lo iban a sacar de tu lado. Ni nada ni nadie los iba a poder separar. Asentiste con la cabeza y el unió sus labios en un tierno y pequeño beso.
Fin del Flashback.
Pestañé varias veces mirándolo. Él te miró esperando la respuesta deseada, al principio tenía una hermosa sonrisa dibujada en su cara. Esa sonrisa dibujada, perfecta y hermosa pero al pasar unos minutos ya era una cara de preocupación.
Pedro: ¿Es cualquiera no? No ves que soy un boludo, cago todo.
Paula: No hey, no sos ningún boludo. Solo que me tildé.
Pedro: ¿Te tildaste, Con qué? -parecía esperando una respuesta satisfactoria de mi parte-
Paula: Nada importante.
Pedro: Segura.
Paula: Si -sonreí-
Pedro: ¿Si qué?
Paula: Si quiero Peter -sonreí-
Pedro: ¿De verdad? -mojado-
Me tiré sobre él besándolo como nunca abajo de la lluvia. Él comenzó a girar bajo el agua sin dejar de besarme mientras me abrazaba de la cintura.
Pedro: ¿sabes que soy el hombre más feliz del mundo no?, ¿Lo sabes?
Paula: Me lo estás demostrando -le acariciaste tiernamente la cara y lo volviste a besar-
Pedro: ¿Vamos a tu casa?
Paula: Mm no, vayamos a la tuya.
Pedro: ¿A la mía? -rió- Okey, si queres vamos, algo de comida debe haber.
Paula: Dale -lo volví a besar y de la mano fuimos al auto-
Nos subimos al auto de él, llovía peor que antes. Había una gran tormenta. Lo tenia de la mano mientras el manejaba y yo tenía mi cabeza apoyada en su hombro. El limpia parabrisas iba de un lado a otro, intentando sacar la cantidad de agua que caía del cielo. Habia unos relámpagos tremendos, y ni hablar de los truenos. El cielo estaba negro por las nubes, y no se veía ni una sola estrella. No tardamos en llegar a la casa de él. Era una casa sobretodo grande y muy lindo. Intentamos hacer lo más rápido posible y salimos del auto corriendo para no mojarnos, pero Pedro no podía poner la llave entonces nos terminamos mojando peor. Logramos entrar entre risas, empapados. Un asco los dos. Pedro tenía los pelos pegados a la cara y yo, no sé que era de mi pelo. Fuimos a la pieza de él y me dio una remera larga de él. La agarré y me saqué la remera. Pedro se me quedó mirando boquiabierto poniendo como excusa que no tenía derecho a vestirme así adelante de él. No tardamos en cambiarnos y yo me tiré en su cama. Pedro decidió bajar para pedir pizzas y así pasar la noche mirando un par de películas antes de dormir.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Capitulo 28 ♥
Lentamente volví a abrir los ojos y miré todo alrededor. Estaba media mareada. Ya recuperando la visión de lo que me rodeaba, apoyé mi mano sobre el mango de la silla y sobre ella apoyé mi cabeza. No podía de nuevo, ¿otra vez esos dolores? No aparecían hace años, ¿otra vez me dolía?
Ya con la vista recuperada guardé la caja de pastillas, aunque sin levantarme de la silla. Mi corazón latía a mil por hora. Pensé que esos dolores ya no estaban que todo habia terminado pero no, seguían pasando, y si pasaban más seguidos iba a volver a ir a lo del doctor González.
El resto del día se paso rápido hice una reunión para conocer a todos mis empleados quienes me hicieron sentir como en casa, eran compañeros de mi papá y además estaban Natalia y Sofía que me hacían sentir más cómoda todavía. Más tarde fui con Sofí y Nati a mi oficina y comenzamos a organizar cosas de la empresa. Firmamos miles de papeles y carpetas, ordenamos algunas cosas, atendimos casos. Alrededor de tres veces en el día me llamó Pedro contándome que hacían con Franco, y por qué me extrañaba. A eso de las seis de la tarde Natalia se fue por qué tenía planeado salir con Sulo, y más tarde alrededor de las siete y media mi mejor amiga también se fue. Miré algunas hojas que quedaban y como eran pocas las guardé en el cajón. Con una mirada sonriente y pícara guardé todo decidida a ir con él. Agarré mi cartera y salí cerrando. Me despedí de los que todavía estaban ahí, que no eran muchos y entré al ascensor marcando el piso diez.
No tardé en llegar cuando las puertas se abrieron. Era parecido al piso cinco, pero en él habia más hombres que mujeres, más jovencitos. Comencé a caminar, ya más suelta, aunque sin saber a dónde me dirigía ya qué yo no conocía donde era su oficina. Me crucé con dos chicos jóvenes y me paré a preguntarles.
Paula: Disculpen, ¿tienen idea donde está la oficina de Alfonso?
- Sí hermosa, acá derecho doblas a la derecha, al fondo -sonrió comprador-
Paula: -reíste- Gracias...
- Martin y Gonzalo. -se presentaron- ¿vos sos?
Paula: Paula, Paula Chaves, ahora me voy, no quiero llegar tarde. -comenzaste a caminar-
Gonzalo: Chau bombón.
Seguí camino sin darles bola, ¡que babosos son los hombres dios! Seguí caminando siguiendo las indicaciones que me habían dado los chicos hasta llegar a una puerta que tenia la misma placa que la mía pero con su nombre. Sonreí y golpié suavemente. Escuché un suave 'pase' del otro lado de la puerta y con la mano apoyada en la puerta hice girar el picaporte, y entré. Estaba sentado en su escritorio con ese traje que le quedaba tan bien. Era grande su oficina también. No levantó la vista y yo para no llamar su atención cerré suavemente la puerta. Me acerqué lentamente a él dejando sobre unos sillones cercanos mi cartera. Detrás de él, enredé mis brazos por su cuello y comencé a darle besos tiernos en el cuello.
Pedro: -sonrió mientras firmaba papeles- al fin llegaste.
Paula: ¿Tanto me extrañabas? -le dije sin dejar de besarlo.
Pedro: Muchísimo, me faltaba la novia más hermosa de todas...
Paula: La qué?
Pedro: Perdón -riendo- fue un... como se dice... deseo reprimido.
Paula: Mm asique deseo reprimido -torcí su cara para que me mirara, y él asintió- sos tan lindo.
Pedro: No más que vos -alejó la silla con rueditas del escritorio para hacer más espacio y así me tomó de la cintura sentándome sobre sus piernas-
Paula: -le agarré los cachetes estirándoselos y aplaste su nariz contra la mía- como extrañaba tu olorcito.
Pedro: ¿Olorcito a qué?
Paula: No sé, tenes un olor especial, olor a Pedro -sonreí-
Pedro: Sos tan linda -y así te besó-
Paula: vos también sos tan lindo -le devolví el tierno beso- ¿te falta mucho?
Pedro: No, casi termino. ¿Te quedas a esperarme?
Paula: Toda la vida. Me tiro ahí, en el sillón.
Pedro: Dale.
Estaba media cansada asique me habré acostado y a los diez minutos me habia quedado dormida. Se suponía que era poco lo que tenía que firmar pero habré dormido alrededor de media hora más. Al cabo de un rato, sentí una mano que suavemente pasaba por mi cintura. Sonreí y sentí que él y sus labios se acercaban a los míos. Me besó haciendo que yo abra los ojos y lo mire sonriente. Me acaricio la mejilla suavemente y me dio un beso en la frente.
Pedro: Veo que, estabas cansada... ¿queres ir a tu casa directamente princesa?
Paula: No -me incorpore sentándome en el sillón- vamos
Pedro: Pero tenés sueño -agachado delante de mí no me enojo, de verdad.
Paula: ¿Y te quedás conmigo?
Pedro: Dale, la sorpresa la dejaremos para el sábado y listo.
Paula: ¿Que sorpresa? -levanté una ceja.-
Pedro: La que te iba a dar, pero la dejamos para el sábado, vamos -me tomó de la mano y me levantó-
Paula: -me frené- No, ahora, ¿que sorpresa?
Pedro: -comenzándose a reír- ¿perdón? Te la diré el sábado.
Paula: ¡Peter! -le grité con un tono bastante agudo-
Pedro: ¡Paula! -imitándome- vamos.
Comencé a reír y lo seguí aunque todavía no me habia dicho que era la 'sorpresa' que me tenía que dar. Agarré la cartera y nos subimos al ascensor. No tardamos en llegar al último piso en el cual quedaban pocas personas y salimos en busca de su auto. Miré el cielo, estaba totalmente nublado, muy oscuro y con una leve neblina que nublaba la vista. No paré de preguntarle mientras estábamos en el auto cual era la sorpresa, no me la quería decir. Insistí varias veces hasta que se cansó.
Pedro: ¡Bueno, BASTA! No te aguanto más -rió-
Paula: ¿Me Decis entonces?
Pedro: Pero quiero que sea más lindo no acá...
Paula: -hice que frenara- acá está bien.
Pedro: baja entonces.
Ambos bajamos y él me agarró de la mano. Estábamos en la plaza que estaba a la vuelta de mi casa. Donde viví millones de cosas importantes en mi vida y en mi infancia. Me acercó a él caminando hacia la plaza, hasta llegar hasta el centro de ella. Me miró sonriente, sentía el roció debajo de mis pies en el pasto corto y suave de la plaza. Me miró y me besó- Lo besé como nunca y lo miré a los ojos, a esos ojos que me hacían sentir protegida, en paz, feliz. Sentí un par de gotas que caían en mi cabeza, él miró hacia arriba y se largo a llover de una manera exagerada. Y sí el invierno era así, inusual. Era como esa vez que nos vimos por primera vez, llovía como nunca. Me tomó de la mano dándome un dulce besó y separándose de mi para decir una simples y cortas palabras.-
Pedro: Sé que va a quedar como un nene infantil que le dice a su amiguita después de jugar en tobogán, pero de otra manera no te lo puedo decir -me miró fijo y dulcemente me dijo- ¿Querés ser mi novia Pau?
Ya con la vista recuperada guardé la caja de pastillas, aunque sin levantarme de la silla. Mi corazón latía a mil por hora. Pensé que esos dolores ya no estaban que todo habia terminado pero no, seguían pasando, y si pasaban más seguidos iba a volver a ir a lo del doctor González.
El resto del día se paso rápido hice una reunión para conocer a todos mis empleados quienes me hicieron sentir como en casa, eran compañeros de mi papá y además estaban Natalia y Sofía que me hacían sentir más cómoda todavía. Más tarde fui con Sofí y Nati a mi oficina y comenzamos a organizar cosas de la empresa. Firmamos miles de papeles y carpetas, ordenamos algunas cosas, atendimos casos. Alrededor de tres veces en el día me llamó Pedro contándome que hacían con Franco, y por qué me extrañaba. A eso de las seis de la tarde Natalia se fue por qué tenía planeado salir con Sulo, y más tarde alrededor de las siete y media mi mejor amiga también se fue. Miré algunas hojas que quedaban y como eran pocas las guardé en el cajón. Con una mirada sonriente y pícara guardé todo decidida a ir con él. Agarré mi cartera y salí cerrando. Me despedí de los que todavía estaban ahí, que no eran muchos y entré al ascensor marcando el piso diez.
No tardé en llegar cuando las puertas se abrieron. Era parecido al piso cinco, pero en él habia más hombres que mujeres, más jovencitos. Comencé a caminar, ya más suelta, aunque sin saber a dónde me dirigía ya qué yo no conocía donde era su oficina. Me crucé con dos chicos jóvenes y me paré a preguntarles.
Paula: Disculpen, ¿tienen idea donde está la oficina de Alfonso?
- Sí hermosa, acá derecho doblas a la derecha, al fondo -sonrió comprador-
Paula: -reíste- Gracias...
- Martin y Gonzalo. -se presentaron- ¿vos sos?
Paula: Paula, Paula Chaves, ahora me voy, no quiero llegar tarde. -comenzaste a caminar-
Gonzalo: Chau bombón.
Seguí camino sin darles bola, ¡que babosos son los hombres dios! Seguí caminando siguiendo las indicaciones que me habían dado los chicos hasta llegar a una puerta que tenia la misma placa que la mía pero con su nombre. Sonreí y golpié suavemente. Escuché un suave 'pase' del otro lado de la puerta y con la mano apoyada en la puerta hice girar el picaporte, y entré. Estaba sentado en su escritorio con ese traje que le quedaba tan bien. Era grande su oficina también. No levantó la vista y yo para no llamar su atención cerré suavemente la puerta. Me acerqué lentamente a él dejando sobre unos sillones cercanos mi cartera. Detrás de él, enredé mis brazos por su cuello y comencé a darle besos tiernos en el cuello.
Pedro: -sonrió mientras firmaba papeles- al fin llegaste.
Paula: ¿Tanto me extrañabas? -le dije sin dejar de besarlo.
Pedro: Muchísimo, me faltaba la novia más hermosa de todas...
Paula: La qué?
Pedro: Perdón -riendo- fue un... como se dice... deseo reprimido.
Paula: Mm asique deseo reprimido -torcí su cara para que me mirara, y él asintió- sos tan lindo.
Pedro: No más que vos -alejó la silla con rueditas del escritorio para hacer más espacio y así me tomó de la cintura sentándome sobre sus piernas-
Paula: -le agarré los cachetes estirándoselos y aplaste su nariz contra la mía- como extrañaba tu olorcito.
Pedro: ¿Olorcito a qué?
Paula: No sé, tenes un olor especial, olor a Pedro -sonreí-
Pedro: Sos tan linda -y así te besó-
Paula: vos también sos tan lindo -le devolví el tierno beso- ¿te falta mucho?
Pedro: No, casi termino. ¿Te quedas a esperarme?
Paula: Toda la vida. Me tiro ahí, en el sillón.
Pedro: Dale.
Estaba media cansada asique me habré acostado y a los diez minutos me habia quedado dormida. Se suponía que era poco lo que tenía que firmar pero habré dormido alrededor de media hora más. Al cabo de un rato, sentí una mano que suavemente pasaba por mi cintura. Sonreí y sentí que él y sus labios se acercaban a los míos. Me besó haciendo que yo abra los ojos y lo mire sonriente. Me acaricio la mejilla suavemente y me dio un beso en la frente.
Pedro: Veo que, estabas cansada... ¿queres ir a tu casa directamente princesa?
Paula: No -me incorpore sentándome en el sillón- vamos
Pedro: Pero tenés sueño -agachado delante de mí no me enojo, de verdad.
Paula: ¿Y te quedás conmigo?
Pedro: Dale, la sorpresa la dejaremos para el sábado y listo.
Paula: ¿Que sorpresa? -levanté una ceja.-
Pedro: La que te iba a dar, pero la dejamos para el sábado, vamos -me tomó de la mano y me levantó-
Paula: -me frené- No, ahora, ¿que sorpresa?
Pedro: -comenzándose a reír- ¿perdón? Te la diré el sábado.
Paula: ¡Peter! -le grité con un tono bastante agudo-
Pedro: ¡Paula! -imitándome- vamos.
Comencé a reír y lo seguí aunque todavía no me habia dicho que era la 'sorpresa' que me tenía que dar. Agarré la cartera y nos subimos al ascensor. No tardamos en llegar al último piso en el cual quedaban pocas personas y salimos en busca de su auto. Miré el cielo, estaba totalmente nublado, muy oscuro y con una leve neblina que nublaba la vista. No paré de preguntarle mientras estábamos en el auto cual era la sorpresa, no me la quería decir. Insistí varias veces hasta que se cansó.
Pedro: ¡Bueno, BASTA! No te aguanto más -rió-
Paula: ¿Me Decis entonces?
Pedro: Pero quiero que sea más lindo no acá...
Paula: -hice que frenara- acá está bien.
Pedro: baja entonces.
Ambos bajamos y él me agarró de la mano. Estábamos en la plaza que estaba a la vuelta de mi casa. Donde viví millones de cosas importantes en mi vida y en mi infancia. Me acercó a él caminando hacia la plaza, hasta llegar hasta el centro de ella. Me miró sonriente, sentía el roció debajo de mis pies en el pasto corto y suave de la plaza. Me miró y me besó- Lo besé como nunca y lo miré a los ojos, a esos ojos que me hacían sentir protegida, en paz, feliz. Sentí un par de gotas que caían en mi cabeza, él miró hacia arriba y se largo a llover de una manera exagerada. Y sí el invierno era así, inusual. Era como esa vez que nos vimos por primera vez, llovía como nunca. Me tomó de la mano dándome un dulce besó y separándose de mi para decir una simples y cortas palabras.-
Pedro: Sé que va a quedar como un nene infantil que le dice a su amiguita después de jugar en tobogán, pero de otra manera no te lo puedo decir -me miró fijo y dulcemente me dijo- ¿Querés ser mi novia Pau?
Capitulo 27 ♥
Pedro asintió y ambos se subieron al auto. Estabas nerviosa, muy nerviosa y se te notaba. Él también lo estaba, de vez en cuando te miraba esbozando sonrisas como para darte tranquilidad. La tranquilidad no te llegaba, y su sonrisas lo que menos te transmitían era tranquilidad. Llegamos a la entrada del edificio. No podías explicar lo que era, era ENORME. Un edificio de más de diez pisos, todo vidriado con una gran elegancia. Uno de los más hermosos del centro. Ambos parados adelante de la puerta, se decidieron a entrar, asustados, pero al fin entraron. No podías explicar lo que veías ante tus ojos. Era ENORME. Parecía un hotel de cinco estrellas. Lo miraste a Pedro y él te tomó la mano, parecía como que entendía cuando tenías miedo y lo necesitabas. Habia millones de escaleras y ascensores. El decorado, increíble. Blanco y negro, todo muy lujoso. Habia empleados por todos lados y al girar tu cabeza hacia el costado viste una placa plateada que decía en letras grandes: " Chaves&Alfonso Asociados; Presidente: Paula Chaves y Pedro Alfonso." Llena de orgullo le sonreíste y se acercaron a una chica que parecía ser la secretaria.
Paula: Disculpa, queríamos saber las oficinas que nos pertenecen.
-¿Ustedes son?
Paula: Chaves y Pedro Alfonso.
-Ustedes son los... ¡ay PAU mira lo grande y hermosa que estás!
Paula: -sonreíste- Gracias por el halago.
-De nada hermosa, vos Pau estás en la oficina del piso cinco, obviamente es la más grande, y Pedro estás en la diez.
Pedro: ¿Separados? -haciendo una mueca de enojo-
-Así parece que lo dicto el Señor Chaves.
Paula: -no pude evitar reírme- Gracias y hasta luego.
Comenzaste a caminar hacia el ascensor, Pedro te siguió atrás. Subiste esperando que él entre detrás tuyo y cerraste marcando al quinto piso. Él te miró y en cuestión de minutos te abrazo de atrás. Sonreíste y lo miraste.
Paula: ¿qué?
Pedro: Como AMO a mi suegro. -admitió entre risas-
Paula: ¿Qué, te pensaste que te iba a dejar bien cerquita mío como entramos ayer?
Pedro: Y no sé, capas... mira el yerno que tiene -guiñándote el ojo-
Paula: ¿Si?, el no debe creer lo mismo.
Pedro: Vos Decis? Pero si yo me porto bien, soy un ángel.
Paula: Mi cama no dice lo mismo -giré la cabeza y lo miré riendo-
Pedro: ¡Ah bueno! Después el desubicado soy yo, ¿no?
Paula: Obvio, vos sos un zarpado-
Pedro: ¿Yo, Zarpado? Vos sos rapidita.
Paula: Bien que la rapidita te encanta -le guiñé el ojo y el rió asintiendo- dale, córrete que ya llegamos al piso y no da llegar abrazados así.
Pedro: -te soltó- mala onda.
Paula: Muy -sonreí y tomándolo de la cara le di un pequeño pico sobre sus labios rojos y fríos- ¿tenés frío?
Pedro: Mas o menos, siempre se me enfrían los labios -sonrió y las puertas del ascensor de abrieron- Suerte bebé, no tengas miedo y cualquier cosa me llamas, ¿sí?
Paula: Dale, gracias. -sonreí y por primera vez desde que habíamos bajado del auto nos soltamos las manos.
Di unos pasos sin mirar lo que se encontraba en frente mío, giré para verlo otra vez y el sonrió tiernamente saludándome con la mano. Sonreí, me daba fuerzas. En cuestión de minutos las puertas del ascensor volvieron a cerrarse y ahora yo estaba sola en ese lugar casi desconocido. Miré a mí alrededor y vi el lugar. Había varias oficinas en el piso. El lugar estaba todo adornado, habia muchos adornos, era sobretodo un lugar moderno, habia varios floreros, y todo al igual que abajo era de color blanco y negro. Suspiré y di varios pasos en busca de alguien conocido, pero frente a tal decepción no habia nadie. Caminé mirando todo, observando las caras de los empleados y de repente vi frente a mí, una puerta que daba a una oficina diferente a las demás. En ella habia un cartel, parecido al de la entrada, en el cual decía mi nombre, 'Presidenta: Paula Chaves". Sonreí con alivio, por lo menos había encontrado mi oficina. Apoyé la mano en el picaporte de la puerta y lentamente la hice girar. Ella se abrió con mucha facilidad y entré. No habia nadie. Era un lugar hermoso, con vista a la calle y vidrios transparentes. También entonado con colores blanco-negro y un escritorio de roble marrón oscuro. Además tenías una biblioteca bastante grande con libros y varios muebles con cajones también de madera. Pasé mi mano acariciando el roble de mi escritorio cuando vi varios ramos de flores. Sorprendida agarré uno de ellos que tenía una tarjeta. La leí y no pude evitar sonreír.
'Hermosa, pasa, espero que te haya gustado el regalo, mucha suerte hoy, no tengas miedo sabes que estoy. Te quiere, Peter.'
Sí, quién más que él para dirigirse con tanta ternura. Sonreí deje el ramo y el teléfono que se encontraba sobre mi escritorio sonó repetidas veces. Al principio me asuste, porque me sorprendió, ¿quién podía llegar a llamar ahora? Me acerqué y atendí.
Pedro: ¿Como anda la bonita más hermosa?, encontró su oficina veo...
Paula: Sí así parece, es gigante, me siento de otro mundo.
Pedro: -rió detrás del teléfono- va a estar todo bien bebe, ¿confias en mi?
Paula: Si obvio, ¿pero como sabias donde quedaba?
Pedro: Porqué yo sé todo. ¿Como te sentís?
Paula: Bien, por ahora cómoda, va creo.
Pedro: ¿Cualquier cosa me llamas si?
Paula: ¡Dale, nos vemos entonces!
Pedro: Sí, si terminas antes venite, así cenamos en algún restaurant, ¿queres?
Paula: Me encanta la idea -sonreíste- nos vemos.
Pedro: Te quiero.
Paula: Más.
Cortaste el teléfono y sonreíste. Le pegaste una nueva mirada a tu oficina y te dirigiste a la silla. Camino a ella viste un cuadro en el cual estabas abrazada a tu papá de chica. Que buenos momentos esos, cuando por lo menos estaban junto a vos.
Cerré los ojos y sentí una puntada fuerte. Me agarré la cabeza y con ayuda del escritorio logré sentarme en la silla. El fuerte dolor no paraba, agarré mi cartera con un ojo entreabierto y el otro totalmente cerrado por el dolor y así saqué una cajita y una botella de agua. Abrí la pequeña cajita y saqué una pastilla blanca. Ni la corté, era grande. Me la metí en la boca y tras un gran sorbo de agua, la tragué. Lentamente volví a abrir los ojos y miré todo alrededor. Estaba media mareada. Ya recuperando la visión de lo que me rodeaba, apoyé mi mano sobre el mango de la silla y sobre ella apoyé mi cabeza. No podía de nuevo, ¿otra vez esos dolores? No aparecían hace años, ¿otra vez me dolía?
Paula: Disculpa, queríamos saber las oficinas que nos pertenecen.
-¿Ustedes son?
Paula: Chaves y Pedro Alfonso.
-Ustedes son los... ¡ay PAU mira lo grande y hermosa que estás!
Paula: -sonreíste- Gracias por el halago.
-De nada hermosa, vos Pau estás en la oficina del piso cinco, obviamente es la más grande, y Pedro estás en la diez.
Pedro: ¿Separados? -haciendo una mueca de enojo-
-Así parece que lo dicto el Señor Chaves.
Paula: -no pude evitar reírme- Gracias y hasta luego.
Comenzaste a caminar hacia el ascensor, Pedro te siguió atrás. Subiste esperando que él entre detrás tuyo y cerraste marcando al quinto piso. Él te miró y en cuestión de minutos te abrazo de atrás. Sonreíste y lo miraste.
Paula: ¿qué?
Pedro: Como AMO a mi suegro. -admitió entre risas-
Paula: ¿Qué, te pensaste que te iba a dejar bien cerquita mío como entramos ayer?
Pedro: Y no sé, capas... mira el yerno que tiene -guiñándote el ojo-
Paula: ¿Si?, el no debe creer lo mismo.
Pedro: Vos Decis? Pero si yo me porto bien, soy un ángel.
Paula: Mi cama no dice lo mismo -giré la cabeza y lo miré riendo-
Pedro: ¡Ah bueno! Después el desubicado soy yo, ¿no?
Paula: Obvio, vos sos un zarpado-
Pedro: ¿Yo, Zarpado? Vos sos rapidita.
Paula: Bien que la rapidita te encanta -le guiñé el ojo y el rió asintiendo- dale, córrete que ya llegamos al piso y no da llegar abrazados así.
Pedro: -te soltó- mala onda.
Paula: Muy -sonreí y tomándolo de la cara le di un pequeño pico sobre sus labios rojos y fríos- ¿tenés frío?
Pedro: Mas o menos, siempre se me enfrían los labios -sonrió y las puertas del ascensor de abrieron- Suerte bebé, no tengas miedo y cualquier cosa me llamas, ¿sí?
Paula: Dale, gracias. -sonreí y por primera vez desde que habíamos bajado del auto nos soltamos las manos.
Di unos pasos sin mirar lo que se encontraba en frente mío, giré para verlo otra vez y el sonrió tiernamente saludándome con la mano. Sonreí, me daba fuerzas. En cuestión de minutos las puertas del ascensor volvieron a cerrarse y ahora yo estaba sola en ese lugar casi desconocido. Miré a mí alrededor y vi el lugar. Había varias oficinas en el piso. El lugar estaba todo adornado, habia muchos adornos, era sobretodo un lugar moderno, habia varios floreros, y todo al igual que abajo era de color blanco y negro. Suspiré y di varios pasos en busca de alguien conocido, pero frente a tal decepción no habia nadie. Caminé mirando todo, observando las caras de los empleados y de repente vi frente a mí, una puerta que daba a una oficina diferente a las demás. En ella habia un cartel, parecido al de la entrada, en el cual decía mi nombre, 'Presidenta: Paula Chaves". Sonreí con alivio, por lo menos había encontrado mi oficina. Apoyé la mano en el picaporte de la puerta y lentamente la hice girar. Ella se abrió con mucha facilidad y entré. No habia nadie. Era un lugar hermoso, con vista a la calle y vidrios transparentes. También entonado con colores blanco-negro y un escritorio de roble marrón oscuro. Además tenías una biblioteca bastante grande con libros y varios muebles con cajones también de madera. Pasé mi mano acariciando el roble de mi escritorio cuando vi varios ramos de flores. Sorprendida agarré uno de ellos que tenía una tarjeta. La leí y no pude evitar sonreír.
'Hermosa, pasa, espero que te haya gustado el regalo, mucha suerte hoy, no tengas miedo sabes que estoy. Te quiere, Peter.'
Sí, quién más que él para dirigirse con tanta ternura. Sonreí deje el ramo y el teléfono que se encontraba sobre mi escritorio sonó repetidas veces. Al principio me asuste, porque me sorprendió, ¿quién podía llegar a llamar ahora? Me acerqué y atendí.
Pedro: ¿Como anda la bonita más hermosa?, encontró su oficina veo...
Paula: Sí así parece, es gigante, me siento de otro mundo.
Pedro: -rió detrás del teléfono- va a estar todo bien bebe, ¿confias en mi?
Paula: Si obvio, ¿pero como sabias donde quedaba?
Pedro: Porqué yo sé todo. ¿Como te sentís?
Paula: Bien, por ahora cómoda, va creo.
Pedro: ¿Cualquier cosa me llamas si?
Paula: ¡Dale, nos vemos entonces!
Pedro: Sí, si terminas antes venite, así cenamos en algún restaurant, ¿queres?
Paula: Me encanta la idea -sonreíste- nos vemos.
Pedro: Te quiero.
Paula: Más.
Cortaste el teléfono y sonreíste. Le pegaste una nueva mirada a tu oficina y te dirigiste a la silla. Camino a ella viste un cuadro en el cual estabas abrazada a tu papá de chica. Que buenos momentos esos, cuando por lo menos estaban junto a vos.
Cerré los ojos y sentí una puntada fuerte. Me agarré la cabeza y con ayuda del escritorio logré sentarme en la silla. El fuerte dolor no paraba, agarré mi cartera con un ojo entreabierto y el otro totalmente cerrado por el dolor y así saqué una cajita y una botella de agua. Abrí la pequeña cajita y saqué una pastilla blanca. Ni la corté, era grande. Me la metí en la boca y tras un gran sorbo de agua, la tragué. Lentamente volví a abrir los ojos y miré todo alrededor. Estaba media mareada. Ya recuperando la visión de lo que me rodeaba, apoyé mi mano sobre el mango de la silla y sobre ella apoyé mi cabeza. No podía de nuevo, ¿otra vez esos dolores? No aparecían hace años, ¿otra vez me dolía?
Capitulo 26 ♥
Por suerte, tus papás no hicieron preguntas al respecto de 'su entrada apasionada, ni tampoco lo hicieron los papás de Pedro. Gracias a dios. Pero sabias que algo te iban a decir. Habían quedado en quedarse un tiempo en Buenos Aires, por lo menos hasta el domingo. Y el domingo al mediodía, cenarían con ustedes y luego se irían.
El resto del día se pasó volando. No tenían mucho trabajo y mañana empezaban a trabajar en el edificio- Tus papás te habían dejado que Natalia y Sofía formen parte de la empresa, al igual que Zaira con Pedro. Eran las ocho de la noche, cuando decidieron partir cada uno para su casa. Le dijiste a Pedro que vaya para la suya, asique se fue con Zaira mientras que vos llevaste a Natalia a su casa y más tarde te fuiste cansada a la tuya. Al llegar comiste unos fideos con manteca que habían sobrado de la noche anterior y sin dar muchas vueltas te fuiste a dormir, mañana iba a ser un día cansador, MUY cansador.
La cortina estaba entre abierta, cuando te habías ido a acostar no estaba así, eso significaba que tus papás estaban en tu casa. Con los ojos entreabiertos miraste la ventana, todavía con sueño, mucho sueño. Un rayo de sol caía directo en tus ojos, algo que te daba más sueño del que tenias. Te tapaste la cara con la almohada pero ya era hora de levantarse. Eran las nueve. Nueve en punto. Bajaste con tu camisón sin cambiarte refregándote los ojos. A medida que bajabas la escalera sentías olor a café recién hecho y a tostadas calentitas. Y sí eran ellos. Al entrar a la cocina viste a tu mamá que te hacia tostadas con manteca. Te acercaste y la saludaste abrazándola como una típica nena cariñosa que extrañaba a su mamá.
Alejandra: ¡ay cuanto cariño! No sabes cómo te extraño nena, no sabes.
Paula: Mm -todavía dormida y sin soltarte de ella- supongo que lo mismo que te extraño yo. Igual, te digo, que me gusta vivir sola.
Ale: Y sí, me imagino. ¿Quién no quiere vivir sola, se te hace difícil?
Paula: No -pegaste una mirada a tu casa- ¿lo llevo bastante bien, o no?
Ale: Si la verdad que sí, estas demasiado ordenada.
Paula: -te sentaste esperando el café con leche que tu mamá te estaba sirviendo- ¿cuando llegaron?
Ale: Ayer, temprano. No queríamos molestarte acá.
Paula: Menos mal -tomaste un sorbo de café-
Ale: ¿Porqué menos mal? -sentándose al lado tuyo- ¿interrumpíamos algo si veníamos?
Paula: -reíste nerviosa- hay mamá, ¿que Decis?, ¿que vas a interrumpir?
Ale: Lo mismo que ayer en la oficina, capas... -y sí, era tu mamá, te conocía como nadie-
Paula: -no pudiste evitar sonreír- Basta.
Ale: Contame dale, andas con este chico... ¿Pedro?
Paula: ¡Hay mamá!
Ale: Dale -riendo-
Paula: No, no estamos juntos... todavía.
Ale: Hay, me cae bien como nuero.
Paula: Basta, córtala. Es algo despacio, nos estamos conociendo.
Ale: Yo no traía a la gente que 'conocía' a dormir a mi casa.
Paula: -arqueaste una ceja y alejaste la taza de tu cara- ¿A dormir?
Ale: Sí a dormir, a no ser que te estés comparando ropa de hombre... que no creo.
Paula: -abriste los ojos- ¿que encontraste?
Ale: -comenzando a reír exageradamente- Una cosa.
Paula: Dale mamá.
Ale: Una remera che, nada más... mientras vos te cuides.
Paula: Te fuiste por las ramas -te levantaste agarrando una tostada-
Ale: Te lo dije bien che-
Paula: Me das vergüenza ajena. -comenzándote a reír-
Ale: -rió- yo solo te advierto.
Paula: ¡Me cuidé! -gritaste mientras subías a tu pieza a cambiarte- ¡No tengo dieciséis años!
Ale: -riendo- Anda, chica mayor.
Entraste abriendo el placard, todavía entre risas. Extrañabas esas conversaciones con tu mamá. Miraste el placard y sacaste un pantalón de jean, oscuro y una remera blanca clásica. Te hiciste una colita alta y te pusiste botas negras. Estaba fresco. Agarraste una campera de gabardina negra y bajaste después de haberte delineado los ojos y haberte maquillado un poco. Tú mamá estaba sentada en el sillón. La saludaste sonriente y antes de salir te dijo que tenias un regalo afuera. Sin hacerle caso
agarraste las llaves y cerraste. Ahí estaba. Apoyado en su auto mirándote sonriente, con un traje de estreno negro que le quedaba muy bien más unos anteojos negros. Te mordiste el labio y te acercaste a él.
Paula: No pensé que te iba a encontrar acá, en la puerta de mi casa.
Pedro: No pensabas pero... acá estoy -sonrió y te dio un pequeño y tierno beso- Buen día princesa.
Paula: Buen día príncipe, ¿como durmió?
Pedro: Yo genial, aunque me hubiera gustado más dormir al lado tuyo... -sonrió-
Paula: Hoy capás... vamos
El resto del día se pasó volando. No tenían mucho trabajo y mañana empezaban a trabajar en el edificio- Tus papás te habían dejado que Natalia y Sofía formen parte de la empresa, al igual que Zaira con Pedro. Eran las ocho de la noche, cuando decidieron partir cada uno para su casa. Le dijiste a Pedro que vaya para la suya, asique se fue con Zaira mientras que vos llevaste a Natalia a su casa y más tarde te fuiste cansada a la tuya. Al llegar comiste unos fideos con manteca que habían sobrado de la noche anterior y sin dar muchas vueltas te fuiste a dormir, mañana iba a ser un día cansador, MUY cansador.
La cortina estaba entre abierta, cuando te habías ido a acostar no estaba así, eso significaba que tus papás estaban en tu casa. Con los ojos entreabiertos miraste la ventana, todavía con sueño, mucho sueño. Un rayo de sol caía directo en tus ojos, algo que te daba más sueño del que tenias. Te tapaste la cara con la almohada pero ya era hora de levantarse. Eran las nueve. Nueve en punto. Bajaste con tu camisón sin cambiarte refregándote los ojos. A medida que bajabas la escalera sentías olor a café recién hecho y a tostadas calentitas. Y sí eran ellos. Al entrar a la cocina viste a tu mamá que te hacia tostadas con manteca. Te acercaste y la saludaste abrazándola como una típica nena cariñosa que extrañaba a su mamá.
Alejandra: ¡ay cuanto cariño! No sabes cómo te extraño nena, no sabes.
Paula: Mm -todavía dormida y sin soltarte de ella- supongo que lo mismo que te extraño yo. Igual, te digo, que me gusta vivir sola.
Ale: Y sí, me imagino. ¿Quién no quiere vivir sola, se te hace difícil?
Paula: No -pegaste una mirada a tu casa- ¿lo llevo bastante bien, o no?
Ale: Si la verdad que sí, estas demasiado ordenada.
Paula: -te sentaste esperando el café con leche que tu mamá te estaba sirviendo- ¿cuando llegaron?
Ale: Ayer, temprano. No queríamos molestarte acá.
Paula: Menos mal -tomaste un sorbo de café-
Ale: ¿Porqué menos mal? -sentándose al lado tuyo- ¿interrumpíamos algo si veníamos?
Paula: -reíste nerviosa- hay mamá, ¿que Decis?, ¿que vas a interrumpir?
Ale: Lo mismo que ayer en la oficina, capas... -y sí, era tu mamá, te conocía como nadie-
Paula: -no pudiste evitar sonreír- Basta.
Ale: Contame dale, andas con este chico... ¿Pedro?
Paula: ¡Hay mamá!
Ale: Dale -riendo-
Paula: No, no estamos juntos... todavía.
Ale: Hay, me cae bien como nuero.
Paula: Basta, córtala. Es algo despacio, nos estamos conociendo.
Ale: Yo no traía a la gente que 'conocía' a dormir a mi casa.
Paula: -arqueaste una ceja y alejaste la taza de tu cara- ¿A dormir?
Ale: Sí a dormir, a no ser que te estés comparando ropa de hombre... que no creo.
Paula: -abriste los ojos- ¿que encontraste?
Ale: -comenzando a reír exageradamente- Una cosa.
Paula: Dale mamá.
Ale: Una remera che, nada más... mientras vos te cuides.
Paula: Te fuiste por las ramas -te levantaste agarrando una tostada-
Ale: Te lo dije bien che-
Paula: Me das vergüenza ajena. -comenzándote a reír-
Ale: -rió- yo solo te advierto.
Paula: ¡Me cuidé! -gritaste mientras subías a tu pieza a cambiarte- ¡No tengo dieciséis años!
Ale: -riendo- Anda, chica mayor.
Entraste abriendo el placard, todavía entre risas. Extrañabas esas conversaciones con tu mamá. Miraste el placard y sacaste un pantalón de jean, oscuro y una remera blanca clásica. Te hiciste una colita alta y te pusiste botas negras. Estaba fresco. Agarraste una campera de gabardina negra y bajaste después de haberte delineado los ojos y haberte maquillado un poco. Tú mamá estaba sentada en el sillón. La saludaste sonriente y antes de salir te dijo que tenias un regalo afuera. Sin hacerle caso
agarraste las llaves y cerraste. Ahí estaba. Apoyado en su auto mirándote sonriente, con un traje de estreno negro que le quedaba muy bien más unos anteojos negros. Te mordiste el labio y te acercaste a él.
Paula: No pensé que te iba a encontrar acá, en la puerta de mi casa.
Pedro: No pensabas pero... acá estoy -sonrió y te dio un pequeño y tierno beso- Buen día princesa.
Paula: Buen día príncipe, ¿como durmió?
Pedro: Yo genial, aunque me hubiera gustado más dormir al lado tuyo... -sonrió-
Paula: Hoy capás... vamos
Capitulo 25 ♥
No pasó mucho tiempo cuando te cambiaste. Saliste lo más rápido que pudiste y tomaron un café. Todo era a una velocidad rápida, ya era tarde. Las once. Nunca llegaban a las once- Once y cuarto salieron de tu casa con su auto. Parecían un típica pareja de empresarios, felices y enamorados. Se sonrieron, y en cuestión de minutos estaban en la empresa a punto de ingresar. Apoyaste la mano sobre el picaporte de la puerta de vidrio transparente y ambos entraron muy elegantes vestidos sonrientes. Natalia sonrió, te conocía. Los dos con sonrisas en la cara y con anteojos negros sonrieron y saludaron a las dos encargadas de atender a la gente apenas entraban, tu amiga y su hermana. Pasaron rápido subiendo las escaleras para ir a su oficina, y ambas se miraron con miradas cómplices. Se habían olvidado de comentarles algo, pero creían que lo iban a ver apenas entraran. Abriste la puerta de espaldas, haciendo una maniobra rara mientras él te besaba. Sonreíste besándolo mientras el cerró la puerta también sonriendo, pero su cara cambió de expresión al levantar la vista hacia tu escritorio. Extrañada por su cara lo miraste y te despegaste de él rápidamente. Y sí, no era una situación cómoda. Paula: ¿Mamá, Papá, que hacen acá?
Y sí, tus papás eran dueños de todo lo que era tuyo ahora. Pero ellos tenían una empresa más grande en Estados Unidos, por eso no vivías con ellos, y antes cuando tu Papá estaba viviendo en tu casa era porque habían tenido una pelea con tu mamá. Tus papás eran los dueños de Chaves asociados en Estados Unidos, y como vos ya eras lo suficientemente grande te habían dejado a cargo, de la sede en Buenos Aires. Al lado de ellos estaban dos personas más, que a simple vista también creías que eran marido y mujer. Miraste a Pedro y él miraba a las otras dos personas en las otras dos sillas. Un sonido salió de su boca, mínimo, pero salió-
Pedro: ¿Ustedes?
Paula: ¿Los conoces? -lo miraste raro-
Pedro: Sí -más suelto- los conozco, son mis papás.
Tus ojos se abrieron como dos huevos fritos. Estabas entrando a tu oficina, en una situación no muy buena, y encima estabas enfrente de, quizás, tus posibles suegros.
¿Algo más te iba a salir tan bien?
Miguel: Pedro No sabíamos que se llevaban TAN bien -comentó tu viejo, siempre tan desubicado-
Alejandra: -codeándolo- No le hagas caso mi vida, ¿ni siquiera va a haber un abrazo para mamá? -sonrió y vos sin dudar la abrazaste como nunca, hacía tiempo no la veías-
Pedro hice lo mismo con sus papás y ellos se presentaron ya que vos no los conocías. Miguel y Alejandra. Simpáticos. Los cuatro se volvieron a sentar del lado de enfrente del escritorio de donde se sentaban ustedes y Pedro se fue a buscar una silla para sentarse a tu lado. Ya todos sentados, vos estabas al lado de él y enfrente de sus respectivos padres. Lo único que querías era que no hagan comentarios sobre la situación en la que los habían encontrado. Tosiste repetidas veces para romper el silencio y Nico se animó a hablar.
Pedro: Y bueno, ¿que hacen por acá? -mirándote de reojo-
Alejandra: Nada, va en realidad queríamos hablar con ustedes sobre algo...
Paula: ¿Sobre algo? -miraste a tu mamá- ¿Ustedes se conocen de algún otro lado?
Ana: Sí somos amigos y compañeros de trabajo. Chicos ustedes ya están asociados...
Horacio: Venimos a hablar de las empresas. -levantando la ceja, dijo tu papá-
Pedro: Sí, estamos asociados, ¿y?
Miguel: Y, como nosotros tenemos distintas sucursales queremos que ocupen la más grande de Buenos Aires.
Paula: ¿La más grande de Buenos Aires?
Ana: Sí, la más grande. ¿Se animan a trabajar juntos en el edificio de la empresa Chaves&Alfonso asociados?
No podías explicar lo que sentías. Siempre quisiste esto. Siempre quisiste que tu papá confiara en vos dejándote a cargo la empresa más grande de Argentina. Y se te estaba cumpliendo. Pero a la vez tenías miedo, vos en una empresa gigante con miles de empleados a tu cargo con solo, veinte años... era demasiada responsabilidad. Pero sabias que él iba a estar ahí, sabias que él te iba a apoyar en todo. Lo miraste, con una especie de 'sonrisa' y él te la devolvió en forma de aprobación. Miraste a tus papás y con miedo y seguridad te decidiste.
Paula: Sí Pedro está conmigo, lo hago.
Alejandra: Pedro, vos que Decis?
Pedro: Obvio que estoy con ella. -sonrió mordiéndose el labio y a la vez mirándote-
Paula: Entonces acá nos tienen -ambos sonrieron apoyándose en el respaldo de la silla y tomados de las manos, con las manos lejos de la vista de sus papás-
Miguel: Entonces, felicidades chicos, la empresa es suya.
Por suerte, tus papás no hicieron preguntas al respecto de 'su entrada apasionada’, ni tampoco lo hicieron los papás de Pedro. Gracias a dios. Pero sabias que algo te iban a decir. Habían quedado en quedarse un tiempo en Buenos Aires, por lo menos hasta el domingo. Y el domingo al mediodía, cenarían con ustedes y luego se irían.
El resto del día se pasó volando. No tenían mucho trabajo y mañana empezaban a trabajar en el edificio- Tus papás te habían dejado que Natalia y Sofía formen parte de la empresa, al igual que Zaira con Peter. Eran las ocho de la noche, cuando decidieron partir cada uno para su casa. Le dijiste a Peter que vaya para la suya, asique se fue con Zaira mientras que vos llevaste a Natalia a su casa y más tarde te fuiste cansada a la tuya. Al llegar comiste unos fideos con manteca que habían sobrado de la noche anterior y sin dar muchas vueltas te fuiste a dormir, mañana iba a ser un día cansador, MUY cansador.
Y sí, tus papás eran dueños de todo lo que era tuyo ahora. Pero ellos tenían una empresa más grande en Estados Unidos, por eso no vivías con ellos, y antes cuando tu Papá estaba viviendo en tu casa era porque habían tenido una pelea con tu mamá. Tus papás eran los dueños de Chaves asociados en Estados Unidos, y como vos ya eras lo suficientemente grande te habían dejado a cargo, de la sede en Buenos Aires. Al lado de ellos estaban dos personas más, que a simple vista también creías que eran marido y mujer. Miraste a Pedro y él miraba a las otras dos personas en las otras dos sillas. Un sonido salió de su boca, mínimo, pero salió-
Pedro: ¿Ustedes?
Paula: ¿Los conoces? -lo miraste raro-
Pedro: Sí -más suelto- los conozco, son mis papás.
Tus ojos se abrieron como dos huevos fritos. Estabas entrando a tu oficina, en una situación no muy buena, y encima estabas enfrente de, quizás, tus posibles suegros.
¿Algo más te iba a salir tan bien?
Miguel: Pedro No sabíamos que se llevaban TAN bien -comentó tu viejo, siempre tan desubicado-
Alejandra: -codeándolo- No le hagas caso mi vida, ¿ni siquiera va a haber un abrazo para mamá? -sonrió y vos sin dudar la abrazaste como nunca, hacía tiempo no la veías-
Pedro hice lo mismo con sus papás y ellos se presentaron ya que vos no los conocías. Miguel y Alejandra. Simpáticos. Los cuatro se volvieron a sentar del lado de enfrente del escritorio de donde se sentaban ustedes y Pedro se fue a buscar una silla para sentarse a tu lado. Ya todos sentados, vos estabas al lado de él y enfrente de sus respectivos padres. Lo único que querías era que no hagan comentarios sobre la situación en la que los habían encontrado. Tosiste repetidas veces para romper el silencio y Nico se animó a hablar.
Pedro: Y bueno, ¿que hacen por acá? -mirándote de reojo-
Alejandra: Nada, va en realidad queríamos hablar con ustedes sobre algo...
Paula: ¿Sobre algo? -miraste a tu mamá- ¿Ustedes se conocen de algún otro lado?
Ana: Sí somos amigos y compañeros de trabajo. Chicos ustedes ya están asociados...
Horacio: Venimos a hablar de las empresas. -levantando la ceja, dijo tu papá-
Pedro: Sí, estamos asociados, ¿y?
Miguel: Y, como nosotros tenemos distintas sucursales queremos que ocupen la más grande de Buenos Aires.
Paula: ¿La más grande de Buenos Aires?
Ana: Sí, la más grande. ¿Se animan a trabajar juntos en el edificio de la empresa Chaves&Alfonso asociados?
No podías explicar lo que sentías. Siempre quisiste esto. Siempre quisiste que tu papá confiara en vos dejándote a cargo la empresa más grande de Argentina. Y se te estaba cumpliendo. Pero a la vez tenías miedo, vos en una empresa gigante con miles de empleados a tu cargo con solo, veinte años... era demasiada responsabilidad. Pero sabias que él iba a estar ahí, sabias que él te iba a apoyar en todo. Lo miraste, con una especie de 'sonrisa' y él te la devolvió en forma de aprobación. Miraste a tus papás y con miedo y seguridad te decidiste.
Paula: Sí Pedro está conmigo, lo hago.
Alejandra: Pedro, vos que Decis?
Pedro: Obvio que estoy con ella. -sonrió mordiéndose el labio y a la vez mirándote-
Paula: Entonces acá nos tienen -ambos sonrieron apoyándose en el respaldo de la silla y tomados de las manos, con las manos lejos de la vista de sus papás-
Miguel: Entonces, felicidades chicos, la empresa es suya.
Por suerte, tus papás no hicieron preguntas al respecto de 'su entrada apasionada’, ni tampoco lo hicieron los papás de Pedro. Gracias a dios. Pero sabias que algo te iban a decir. Habían quedado en quedarse un tiempo en Buenos Aires, por lo menos hasta el domingo. Y el domingo al mediodía, cenarían con ustedes y luego se irían.
El resto del día se pasó volando. No tenían mucho trabajo y mañana empezaban a trabajar en el edificio- Tus papás te habían dejado que Natalia y Sofía formen parte de la empresa, al igual que Zaira con Peter. Eran las ocho de la noche, cuando decidieron partir cada uno para su casa. Le dijiste a Peter que vaya para la suya, asique se fue con Zaira mientras que vos llevaste a Natalia a su casa y más tarde te fuiste cansada a la tuya. Al llegar comiste unos fideos con manteca que habían sobrado de la noche anterior y sin dar muchas vueltas te fuiste a dormir, mañana iba a ser un día cansador, MUY cansador.
Capitulo 24 ♥
Era Lunes a la mañana, el domingo anterior se la habían pasado durmiendo y él habia decidido quedarse otra vez. Reíste y comenzaste a darle besos en toda la espalda para luego pasar por delante de sus labios y qué él te tomara con el brazo y te comiera la boca. Sonreíste arriba de él, comenzando un nuevo día, te siguió besando un rato más aunque vos insistías con levantarse. Habrán estado quince minutos más tirados en la cama hasta que vos lograste despegarte y te levantaste. Te miró mal se quería quedar con vos un rato más pero vos le habías dicho que tenían que ir a la oficina-
Paula: Déjame de mirar así Pedro, vamos a llegar tarde bebe y después tenemos problemas con las chicas...
Pedro: ¿Problemas con las chicas? Sí nunca dicen nada, aparte -se acercó lentamente a vos tomándote de la cintura- nosotros somos los jefes, llegamos cuando queremos.
Paula: Vos serás así, yo no. ¿Sino que ejemplos les das a tus empleados?
Pedro: El ejemplo que no tienen que perder ni un minuto de su tiempo sin su mujer. -sonrió- ¿o no?
Paula: ¿Sabes que te odio no? Peter te estoy retando, no seas tierno...
Pedro: No puedo -besándote el cuello-
Paula: Bueno basta -reíste- me voy a bañar.
Pedro: Dale vamos -sonrió- Ya te conozco de memoria.
Paula: ¿Perdón? -comenzándote a reír- me viste una vez y no te vas a bañar conmigo, tenemos que hacer rápido -entrando al baño-.
Pedro: -entrando detrás tuyo- pero... yo también me quiero bañar.
Paula: Basta. Si te metes en el baño conmigo lo que menos vas a hacer es bañarte. -te sacaste el camisón y abriste la canilla de agua caliente-
Pedro: -levantó una ceja y se sacó la remera- Sí me baño.
Paula: -lo miraste y reíste- Ponete la remera dale.
Pedro: No, me quiero bañar con la rubia más hermosa del mundo...
Paula: No conmigo. Dale -riendo-
Te tomó de las piernas levantándote y vos comenzaste a patalear como una nena chiquita. Él rió a carcajadas y después de un rato de equilibrios te metió en la ducha,
metiéndose el también. Reíste a carcajadas y él te tiró contra la pared de la ducha haciendo que el agua caiga entre ambos-
Paula: Gordo, vamos a llegar más tarde que de costumbre.
Pedro: Y bueno, llegaremos más tarde que de costumbre, ¿o me vas a decir que no te morís por bañarte conmigo?
Paula: No me gusta llegar tarde a ningún lado-
Pedro: Ya lo sé, pero es tu oficina podes para.
Paula: -bufaste y revoleaste los ojos dejando que te apoye en la pared de la ducha- Okey, me relajo.
Pedro: Gracias.
Paula: ¿Gracias, porqué?
Pedro: Por la noche hermosa y perfecta que me hiciste pasar ayer -tomándote de la cintura y apoyando su frente contra la suya mientras el agua caía sin parar- de verdad te digo, fue muy lindo.
Paula: Vos sos tierno hermoso, sos el más tierno que puede existir, y... ¿te confieso algo? -asintió con la cabeza- nunca nadie me trato así tan tierno como vos.
Pedro: Es que yo soy el mejor.
Paula: Obvio sos el mejor -colgándote de su cuello y dándole un pequeño y tierno beso- ¿Te vas que me quiero bañar? No tardo.
Pedro: salgo porque vos me lo pedís eh! sino no -te besó tiernamente y salió del baño-
No tardaste mucho en bañarte o eso creíste vos, al salir el estaba en traje tirado boca arriba en la cama. Era el más lindo, ¿que hacia? No lo sabías. De lejos, a simple vista parecía que pensaba algo. Con la toalla envuelta en tu cuerpo te acercaste a él acostándote para quedar a la altura de su cabeza y le diste un tierno beso en la frente. Él solo se dedico a sonreírte, era tan lindo cuando sonreía. Lo miraste y con tu mano derecha apretaste sus cachetes. Él te miró y sonrió.
Pedro: Dijiste que no ibas a tardar mucho -levantó una ceja- tenés un gran problema con el reloj.
Paula: No tarde mucho -comenzando a reír miraste la hora- para mi es normal.
Pedro: Yo me baño en menos de quince minutos, vos media hora en el baño y salís en toalla. -revoleo los ojos y rió-
Paula: Perdón YO el chico que me baño rápido -reíste- me cambio y vamos, ¿si?
Pedro: ¿Estás media hora más para cambiarte? -te cargó-
Paula: Cerra la boca. -fuiste al placard y agarraste varias cosas para ponerte-
Pedro: ¿Te vas a poner eso?
Paula: Sí, sácate lo que tenés ahí.
Pedro: ¿ahí donde?
Paula: -te acercaste y le pasaste la mano por la boca- la baba. -riendo entraste al baño-
No pasó mucho tiempo cuando te cambiaste. Saliste lo más rápido que pudiste y tomaron un café. Todo era a una velocidad rápida, ya era tarde. Las once. Nunca llegaban a
las once- Once y cuarto salieron de tu casa con su auto. Parecían un típica pareja de empresarios, felices y enamorados. Se sonrieron, y en cuestión de minutos estaban en la empresa a punto de ingresar.
Paula: Déjame de mirar así Pedro, vamos a llegar tarde bebe y después tenemos problemas con las chicas...
Pedro: ¿Problemas con las chicas? Sí nunca dicen nada, aparte -se acercó lentamente a vos tomándote de la cintura- nosotros somos los jefes, llegamos cuando queremos.
Paula: Vos serás así, yo no. ¿Sino que ejemplos les das a tus empleados?
Pedro: El ejemplo que no tienen que perder ni un minuto de su tiempo sin su mujer. -sonrió- ¿o no?
Paula: ¿Sabes que te odio no? Peter te estoy retando, no seas tierno...
Pedro: No puedo -besándote el cuello-
Paula: Bueno basta -reíste- me voy a bañar.
Pedro: Dale vamos -sonrió- Ya te conozco de memoria.
Paula: ¿Perdón? -comenzándote a reír- me viste una vez y no te vas a bañar conmigo, tenemos que hacer rápido -entrando al baño-.
Pedro: -entrando detrás tuyo- pero... yo también me quiero bañar.
Paula: Basta. Si te metes en el baño conmigo lo que menos vas a hacer es bañarte. -te sacaste el camisón y abriste la canilla de agua caliente-
Pedro: -levantó una ceja y se sacó la remera- Sí me baño.
Paula: -lo miraste y reíste- Ponete la remera dale.
Pedro: No, me quiero bañar con la rubia más hermosa del mundo...
Paula: No conmigo. Dale -riendo-
Te tomó de las piernas levantándote y vos comenzaste a patalear como una nena chiquita. Él rió a carcajadas y después de un rato de equilibrios te metió en la ducha,
metiéndose el también. Reíste a carcajadas y él te tiró contra la pared de la ducha haciendo que el agua caiga entre ambos-
Paula: Gordo, vamos a llegar más tarde que de costumbre.
Pedro: Y bueno, llegaremos más tarde que de costumbre, ¿o me vas a decir que no te morís por bañarte conmigo?
Paula: No me gusta llegar tarde a ningún lado-
Pedro: Ya lo sé, pero es tu oficina podes para.
Paula: -bufaste y revoleaste los ojos dejando que te apoye en la pared de la ducha- Okey, me relajo.
Pedro: Gracias.
Paula: ¿Gracias, porqué?
Pedro: Por la noche hermosa y perfecta que me hiciste pasar ayer -tomándote de la cintura y apoyando su frente contra la suya mientras el agua caía sin parar- de verdad te digo, fue muy lindo.
Paula: Vos sos tierno hermoso, sos el más tierno que puede existir, y... ¿te confieso algo? -asintió con la cabeza- nunca nadie me trato así tan tierno como vos.
Pedro: Es que yo soy el mejor.
Paula: Obvio sos el mejor -colgándote de su cuello y dándole un pequeño y tierno beso- ¿Te vas que me quiero bañar? No tardo.
Pedro: salgo porque vos me lo pedís eh! sino no -te besó tiernamente y salió del baño-
No tardaste mucho en bañarte o eso creíste vos, al salir el estaba en traje tirado boca arriba en la cama. Era el más lindo, ¿que hacia? No lo sabías. De lejos, a simple vista parecía que pensaba algo. Con la toalla envuelta en tu cuerpo te acercaste a él acostándote para quedar a la altura de su cabeza y le diste un tierno beso en la frente. Él solo se dedico a sonreírte, era tan lindo cuando sonreía. Lo miraste y con tu mano derecha apretaste sus cachetes. Él te miró y sonrió.
Pedro: Dijiste que no ibas a tardar mucho -levantó una ceja- tenés un gran problema con el reloj.
Paula: No tarde mucho -comenzando a reír miraste la hora- para mi es normal.
Pedro: Yo me baño en menos de quince minutos, vos media hora en el baño y salís en toalla. -revoleo los ojos y rió-
Paula: Perdón YO el chico que me baño rápido -reíste- me cambio y vamos, ¿si?
Pedro: ¿Estás media hora más para cambiarte? -te cargó-
Paula: Cerra la boca. -fuiste al placard y agarraste varias cosas para ponerte-
Pedro: ¿Te vas a poner eso?
Paula: Sí, sácate lo que tenés ahí.
Pedro: ¿ahí donde?
Paula: -te acercaste y le pasaste la mano por la boca- la baba. -riendo entraste al baño-
No pasó mucho tiempo cuando te cambiaste. Saliste lo más rápido que pudiste y tomaron un café. Todo era a una velocidad rápida, ya era tarde. Las once. Nunca llegaban a
las once- Once y cuarto salieron de tu casa con su auto. Parecían un típica pareja de empresarios, felices y enamorados. Se sonrieron, y en cuestión de minutos estaban en la empresa a punto de ingresar.
♥ Capitulo 23 ♥
No tardaron en saludar a todos, y en que Agus te abra la puerta. Se subieron a tu auto, ya que él habia llegado en el de Bruno y manejaste vos. Habrán tardado quince minutos en llegar a tu casa y en solo cuestión de minutos entraban a los besos en el living. Lo besabas tiernamente intentando cerrar la puerta. Te despegaste de Pedro y él la cerró. Tomándote otra vez de la cintura para volver a pegarte a él-
Paula: Mm -sonreíste- que lindos besos.
Pedro: Viste, me caracterizo por eso, por dar lindos besos y más a personas como vos.
Paula: ¿como yo? -lo miraste- ¿Y que tengo yo?
Pedro: sos especial, Muy especial. Tengo sed. ¿Me das algo para tomar?
Paula: -lo miraste- Anda a buscarte, ¿sos manco?
Pedro: Me da cosita, ¿me das vos? -sonrió como un nene-
Paula: Hay dios -prendiste la luz de la cocina entrando, agarraste una jarra de agua y le servías en el vaso cuando te agarró por atrás-
Pedro: Gracias, por el agua -te corrió el pelo del cuello mientras te sostenía de la cintura-
Paula: De nada -sonreíste cuando él te daba cortos besos en el cuello- Toma dale, tanto jodiste.
Pedro: Okey, okey -rió y tomó el agua dejando que te puedas dar vuelta, pero sin dejar de arrinconarte contra la mesada de la cocina-
Paula: ¿No me vas a dejar salir? -bufaste-
Pedro: No, rezongona. Te voy a tener acá toda la vida.
Paula: -reíste- mira vos.
Pedro: ¿Que queres que mire? -dejando el vaso y volviéndote a besar el cuello-
Paula: -cerraste lentamente los ojos- Nada, quiero salir...
Pedro: ¿Tenés miedo? -te miró-
Paula: ¿Miedo de qué? ¿De vos? -reíste- No.
Pedro: ¿Entonces porque me esquivas?
Paula: porque soy mala -reíste-
Pedro: Ya sé que sos mala -bajo la mirada-
Paula: -lo besaste colgándote de su cuello- Mentira, soy vueltera.
Pedro: No, no es eso, es que no haces lo que sentís -mientras lo tenías de la mano y caminaban hacia el living-
Paula: -te diste vuelta a milímetros de su boca y del sillón- ¿no hago lo que siento?
Pedro: No, das vueltas y vueltas pero queres algo en concreto.
Paula: ¿Ah sí? -sonreíste, tanta razón tenía- ¿y qué quiero? -sentándote en el sillón-
Pedro: Si no sabes vos. -sentándose enfrente tuyo.
Paula: Si sé. Pedro: Y que queres, capas te pueda ayudar.
Y sí no te cavia duda, eras vueltera, histérica pero de algo que estabas segura era que él era tu hombre, todo tuyo. Sabías que tenían algo fuerte, muy fuerte, algo que iba más allá de estas semanas que pasaste junto a él. Algo más real. ¿Que era? No tenías idea. Pero habia de algo que estabas muy segura, y era de estar con él.
Paula: Si podes. Haceme sentir tuya Lindo, Haceme tuya. -lo miraste por primera vez a los ojos después de esa larga conversación acariciándole la cara con ternura-
Y sí otra vez, las palabras sobraron, estaban de más, no hacían falta- Lo único que querías, y necesitabas en ese momento eran sus caricias, sus mimos, sus besos, su
ternura y su dulzura que se hacía presente en cada beso y caricia que te daba ya casi recostados sobre el sillón blanco de tu living- Colocaste tus manos entre su cuerpo y el tuyo para así, más cómodamente comenzar a desabrocharle lentamente la camisa y a desacomodársela haciendo que llegué a sus hombros, mientras él subía tu camisa lentamente desabrochando algunos botones para hacer más fácil el camino hasta el punto que a él le interesaba llegar. Llegando a tus pechos, los acarició suavemente sobre el corpiño blanco de lunares que todavía seguía allí. En cuestión de minutos, él se encontraba sentado con las piernas estiradas sobre el sillón mirándote enamorado cuando vos te pusiste sobre él, para así juntos, poder desabrochar lentamente los botones de la camisa que tanto molestaba. Él no paraba de mirarte a los ojos, y vos de vez en cuando podías y dejabas de prestarle atención a los botones de la camisa, también. Cuanto te deshiciste de su prenda, que ya molestaba, él con mucha experiencia te sacó la camisa.
Eras vueltera pero ahora no. No sabías porqué pero te sentías muy segura de lo que querías, y muy segura de lo que hacías. Mientras él, ya pegado a vos te besaba lentamente el cuello, vos mirabas fijamente tus manos quiénes trabajaban con su cinturón que costaba en salir. Terminaste de sacarle el cinturón para luego seguir con los bolsillos. Tú pollera no fue difícil de sacar ya que se podía sacar por el costado pero él pantalón de él no. En cuestión de minutos tu pollera desapareció y ya parados bajaste su pantalón junto a su bóxer- todavía besándose se volvieron a sentar, vos con las rodillas a ambos costados. Se encargó de hacer desaparecer tu corpiño, con un poco de esfuerzo al desabrocharlo y por último se encargo de hacer desaparecer la última prenda que quedaba.
Ya con ella en el piso, sin más vueltas, sin más dudas y con un tierno beso, te sentó lentamente sobre él para así sentirlo como nunca antes lo habías sentido. Primeramente fue un sensible dolor pero más tarde el dolor comenzó a desaparecer para convertirse en un Gran placer que ambos disfrutaban y que no querían que terminara jamás. El living se llenó de muchas sensaciones, muchos sentimientos casi indescriptibles. Gemidos, calor, caricias, una temperatura que no daba más y así te sentías única sintiendo cada beso que él te regalaba con amor. Unos minutos habían pasado, diez, quince, veinte, quizá media hora, ni siquiera querías saberlo. Sin salir de vos se levantó teniéndote sobre sus brazos en una especie de koala, para así subir las escaleras, caminar por el pequeño pasillo y entrar a tu pieza que ya sabía de memoria. Te tiró suavemente sobre las sábanas, suaves y blancas, besándote nuevamente el cuello, tus dedos se deslizaron sobre su espalda para clavarse lentamente en ella demostrándole que querías más. Con movimientos aún más fuertes, ya hace más de una hora estaban allí, entre las sábanas, él sobre vos, sin dejar de besarte y sin dejar de enredar tus dedos sobre su pelo que estaba transpirado. Ya sus cuerpos no daban más. Estaban agotados.
El cansancio se apoderaba de ustedes. Con una simple y hermosa mirada se dieron un último beso, para así, sin decir más nada se dejaron invadir por el sueño, cerrando los ojos aunque sin olvidarse de la noche hermosa que acababan de tener.
Abriste los ojos, miraste el reloj, marcaban las nueve de la mañana. Sonreíste, todavía desnuda. Él boca abajo, dormía como un angelito, pero tenían que ir a trabajar. Lo miraste estaba totalmente dormido, entonces para despertarlo, comenzaste a darle pequeños besos, suaves, en su cachete.
Paula: Gordo -dándole tiernos besos en el hombro para así llegar a su espalda-
Pedro: Mmm -apenas movió el dedo pulgar de la mano derecha-
Paula: Pedro -repetiste otra vez-
Pedro: No, un ratito más...
Paula: No, qué un ratito más tenemos que ir a trabajar -torciste la cabeza para darle un pequeño beso en sus labios-
Pedro: No. -negó sin abrir los ojos-
Paula: Dale tenes que irte...
Pedro: ¿me echas? -preguntó dormido-
Paula: ¿Yo echarte? Já, no me hagas reír, quisiera quedarme así toda la vida con vos.-y otra vez besaste sus labios-
Pedro: quiero dormir.
Paula: Tenés que levantarte, no seas bebé.
Pedro: Soy tu bebé-
Paula: Sí por eso, levántate.
Pedro: Dame besitos.
Paula: Peter vamos a llegar tarde...
Pedro: -sin dejarte terminar- besitos...
Reíste y comenzaste a darle besos en toda la espalda para luego pasar por delante de sus labios y qué él te tomara con el brazo y te comiera la boca. Sonreíste arriba de él, comenzando un nuevo día, te siguió besando un rato más aunque vos insistías con levantarse.
Paula: Mm -sonreíste- que lindos besos.
Pedro: Viste, me caracterizo por eso, por dar lindos besos y más a personas como vos.
Paula: ¿como yo? -lo miraste- ¿Y que tengo yo?
Pedro: sos especial, Muy especial. Tengo sed. ¿Me das algo para tomar?
Paula: -lo miraste- Anda a buscarte, ¿sos manco?
Pedro: Me da cosita, ¿me das vos? -sonrió como un nene-
Paula: Hay dios -prendiste la luz de la cocina entrando, agarraste una jarra de agua y le servías en el vaso cuando te agarró por atrás-
Pedro: Gracias, por el agua -te corrió el pelo del cuello mientras te sostenía de la cintura-
Paula: De nada -sonreíste cuando él te daba cortos besos en el cuello- Toma dale, tanto jodiste.
Pedro: Okey, okey -rió y tomó el agua dejando que te puedas dar vuelta, pero sin dejar de arrinconarte contra la mesada de la cocina-
Paula: ¿No me vas a dejar salir? -bufaste-
Pedro: No, rezongona. Te voy a tener acá toda la vida.
Paula: -reíste- mira vos.
Pedro: ¿Que queres que mire? -dejando el vaso y volviéndote a besar el cuello-
Paula: -cerraste lentamente los ojos- Nada, quiero salir...
Pedro: ¿Tenés miedo? -te miró-
Paula: ¿Miedo de qué? ¿De vos? -reíste- No.
Pedro: ¿Entonces porque me esquivas?
Paula: porque soy mala -reíste-
Pedro: Ya sé que sos mala -bajo la mirada-
Paula: -lo besaste colgándote de su cuello- Mentira, soy vueltera.
Pedro: No, no es eso, es que no haces lo que sentís -mientras lo tenías de la mano y caminaban hacia el living-
Paula: -te diste vuelta a milímetros de su boca y del sillón- ¿no hago lo que siento?
Pedro: No, das vueltas y vueltas pero queres algo en concreto.
Paula: ¿Ah sí? -sonreíste, tanta razón tenía- ¿y qué quiero? -sentándote en el sillón-
Pedro: Si no sabes vos. -sentándose enfrente tuyo.
Paula: Si sé. Pedro: Y que queres, capas te pueda ayudar.
Y sí no te cavia duda, eras vueltera, histérica pero de algo que estabas segura era que él era tu hombre, todo tuyo. Sabías que tenían algo fuerte, muy fuerte, algo que iba más allá de estas semanas que pasaste junto a él. Algo más real. ¿Que era? No tenías idea. Pero habia de algo que estabas muy segura, y era de estar con él.
Paula: Si podes. Haceme sentir tuya Lindo, Haceme tuya. -lo miraste por primera vez a los ojos después de esa larga conversación acariciándole la cara con ternura-
Y sí otra vez, las palabras sobraron, estaban de más, no hacían falta- Lo único que querías, y necesitabas en ese momento eran sus caricias, sus mimos, sus besos, su
ternura y su dulzura que se hacía presente en cada beso y caricia que te daba ya casi recostados sobre el sillón blanco de tu living- Colocaste tus manos entre su cuerpo y el tuyo para así, más cómodamente comenzar a desabrocharle lentamente la camisa y a desacomodársela haciendo que llegué a sus hombros, mientras él subía tu camisa lentamente desabrochando algunos botones para hacer más fácil el camino hasta el punto que a él le interesaba llegar. Llegando a tus pechos, los acarició suavemente sobre el corpiño blanco de lunares que todavía seguía allí. En cuestión de minutos, él se encontraba sentado con las piernas estiradas sobre el sillón mirándote enamorado cuando vos te pusiste sobre él, para así juntos, poder desabrochar lentamente los botones de la camisa que tanto molestaba. Él no paraba de mirarte a los ojos, y vos de vez en cuando podías y dejabas de prestarle atención a los botones de la camisa, también. Cuanto te deshiciste de su prenda, que ya molestaba, él con mucha experiencia te sacó la camisa.
Eras vueltera pero ahora no. No sabías porqué pero te sentías muy segura de lo que querías, y muy segura de lo que hacías. Mientras él, ya pegado a vos te besaba lentamente el cuello, vos mirabas fijamente tus manos quiénes trabajaban con su cinturón que costaba en salir. Terminaste de sacarle el cinturón para luego seguir con los bolsillos. Tú pollera no fue difícil de sacar ya que se podía sacar por el costado pero él pantalón de él no. En cuestión de minutos tu pollera desapareció y ya parados bajaste su pantalón junto a su bóxer- todavía besándose se volvieron a sentar, vos con las rodillas a ambos costados. Se encargó de hacer desaparecer tu corpiño, con un poco de esfuerzo al desabrocharlo y por último se encargo de hacer desaparecer la última prenda que quedaba.
Ya con ella en el piso, sin más vueltas, sin más dudas y con un tierno beso, te sentó lentamente sobre él para así sentirlo como nunca antes lo habías sentido. Primeramente fue un sensible dolor pero más tarde el dolor comenzó a desaparecer para convertirse en un Gran placer que ambos disfrutaban y que no querían que terminara jamás. El living se llenó de muchas sensaciones, muchos sentimientos casi indescriptibles. Gemidos, calor, caricias, una temperatura que no daba más y así te sentías única sintiendo cada beso que él te regalaba con amor. Unos minutos habían pasado, diez, quince, veinte, quizá media hora, ni siquiera querías saberlo. Sin salir de vos se levantó teniéndote sobre sus brazos en una especie de koala, para así subir las escaleras, caminar por el pequeño pasillo y entrar a tu pieza que ya sabía de memoria. Te tiró suavemente sobre las sábanas, suaves y blancas, besándote nuevamente el cuello, tus dedos se deslizaron sobre su espalda para clavarse lentamente en ella demostrándole que querías más. Con movimientos aún más fuertes, ya hace más de una hora estaban allí, entre las sábanas, él sobre vos, sin dejar de besarte y sin dejar de enredar tus dedos sobre su pelo que estaba transpirado. Ya sus cuerpos no daban más. Estaban agotados.
El cansancio se apoderaba de ustedes. Con una simple y hermosa mirada se dieron un último beso, para así, sin decir más nada se dejaron invadir por el sueño, cerrando los ojos aunque sin olvidarse de la noche hermosa que acababan de tener.
Abriste los ojos, miraste el reloj, marcaban las nueve de la mañana. Sonreíste, todavía desnuda. Él boca abajo, dormía como un angelito, pero tenían que ir a trabajar. Lo miraste estaba totalmente dormido, entonces para despertarlo, comenzaste a darle pequeños besos, suaves, en su cachete.
Paula: Gordo -dándole tiernos besos en el hombro para así llegar a su espalda-
Pedro: Mmm -apenas movió el dedo pulgar de la mano derecha-
Paula: Pedro -repetiste otra vez-
Pedro: No, un ratito más...
Paula: No, qué un ratito más tenemos que ir a trabajar -torciste la cabeza para darle un pequeño beso en sus labios-
Pedro: No. -negó sin abrir los ojos-
Paula: Dale tenes que irte...
Pedro: ¿me echas? -preguntó dormido-
Paula: ¿Yo echarte? Já, no me hagas reír, quisiera quedarme así toda la vida con vos.-y otra vez besaste sus labios-
Pedro: quiero dormir.
Paula: Tenés que levantarte, no seas bebé.
Pedro: Soy tu bebé-
Paula: Sí por eso, levántate.
Pedro: Dame besitos.
Paula: Peter vamos a llegar tarde...
Pedro: -sin dejarte terminar- besitos...
Reíste y comenzaste a darle besos en toda la espalda para luego pasar por delante de sus labios y qué él te tomara con el brazo y te comiera la boca. Sonreíste arriba de él, comenzando un nuevo día, te siguió besando un rato más aunque vos insistías con levantarse.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)