sábado, 24 de diciembre de 2011

Capitulo 31 ♥

Levanté la vista y lo miré. Solo me abrasó. Y así hizo que me acostara y me durmiera sin dejar de acariciarme el pelo. Cerré lentamente los ojos quiénes todavía estaban llenos de lágrimas que no habían llegado a caer. Me dormí y al cabo de un rato él también lo hizo.
A la mañana siguiente no tardó en aparecer el sol. Un pequeño pero fugaz rayo de sol ingresaba por la ventana que no estaba cerrada con la persiana, ni siquiera tenía la cortina, no habíamos olvidado de ponerla. El rayo de sol me dio en la cara, yo tapada por las sábanas blancas de tela suave dormía plácidamente. Giré la cabeza abriendo los ojos y viendo que él me miraba. Sonreí no con muchas ganas a lo que él respondió con una triste y dulce sonrisa. Me acarició la mejilla con los pelos todos despeinados y suspiró, le habré molestado anoche no durmiendo nada y con mi ‘ataque de locura’. Me acerqué a él haciendo que me abrase.
Pedro: ¿Como dormiste princesita? –acariciándome tiernamente la cabeza-
Paula: Como se puede. Perdón por lo que te hice pasar anoche seguro te asusté –reí tímidamente-
Pedro: ¿Lo que me hiciste pasar ayer? –Rió- Vos no sabes las cosas que me hiciste pasar, a comparación de eso, esto no fue nada.
Paula: -lo miré raro- ¿no fue nada? ¿Qué hacía antes?
Pedro: Me hacías tantas escenas pelotudas, de celos, de pendeja, de histérica.
Paula: -me reí- soy brava ¿no?
Pedro: No se ahora, pero antes… eras de terror.
Paula: No creo que sea para tanto, estarás exagerando las cosas.
Pedro: No mi vida, eras insoportable.
Paula: ¡Bueno che, que estoy acá!
Pedro: -rió- no quiero otra escena de locura así ¿ok? La vas a pelear pase lo que pase y vas a volver a ser la novia que me sacaron, ¿Sí? –me sonrió tiernamente-
Paula: -baje la mirada- Mis viejos me mintieron Peter, ¿que queres que haga? Mis amigos también.
Pedro: Mi amor, el doctor dijo que no te teníamos que decir nada, era lo mejor para tu cabeza-
Paula: Y sí yo no veía las fotos ¿qué?
Pedro: No te ibas a enterar, el doctor dijo que lo mejor para vos y tu salud era no decirte nada. No queríamos que sufras más de lo que venias sufriendo.
Paula: ¿Y por eso me hicieron vivir en una mentira? ¿Te parece justo?
Pedro: No bebé, sé que no es justo, pero ¿que querías que hiciéramos? No era fácil ni para mí, ni para tus viejos, y menos para los chicos. ¿Sabes lo que te extraña mi hermana?
Paula: ¿Era mi mejor amiga no?
Pedro: -asintió con la cabeza- Sí, y sufre más que todos.
Paula: ¿Más que vos?
Pedro: Lo dudo, ¿sabes lo que fue más de un año casi sin vos?, ¿Sin tu boca? Era la muerte –poniéndole un toque de gracia a la situación-
Paula: ¡Sos un tarado!, ¿sabes?
Pedro: Un tarado que te ama, mucho.
Paula: -lo miré sonriendo y dulcemente lo besé- un tarado que me ama.
Pedro: A ver, basta de estar mal, ¿Si? Ahora, ¿Qué quiere desayunar la más linda?
Paula: Tenemos que ir a la oficina bebé.
Pedro: La oficina puede esperar, ¿acaso no somos los jefes?
Paula: No da que nosotros lleguemos tarde.
Pedro: ¿No da? Yo digo que re da, por favor.
Paula: -revoleé los ojos- Tostadas con manteca y un café con leche.
Pedro: Veo que los gustos no te los cambia nadie.
Paula: Y no, parece. Sino mírate, me gustabas antes y ahora-
Pedro: Ah no, pero lo mío es así. ¿No ves que soy irresistible?
Paula: ¡A bueno! –Comencé a reír- Anda a hacer todo porque tengo hambre.
Pedro: ¿Acaso no me crees? –rió levantándose de la cama-
Paula: No, no te creo, ándate.
Pedro: Que feo, ahora si tenés veneno, jodete.
Te reíste viéndolo bajar y te levantaste mirando la ventana-Todavía tenias la cabeza media conmocionada por lo que había pasado ayer. Todavía no caía. Todavía no sabía quién era. Tenía planeado llamar al doctor e ir en esta semana, o en la otra. Lo más pronto posible, lo más rápido que pudiera. Abrí el placard y encontré ropa mía, supuse que se la había dado mi vieja, o mi viejo antes. Me puse un Jean negro, las botas marrones claritas que tenía ayer que ya estaban secas y una remera blanca larga, con una camperita de cuero del mismo color que las botas. Había visto que Pedro se había llevado algo de ropa así que supuse que se cambiaba abajo.
Bajé las escaleras en cámara lenta, estaba cansada y sinceramente, no tenía ganas de nada. Cuando llegué a la cocina, la cual no había visto la noche anterior, me encontré con una cocina grande con mucho color blanco y moderna. Al entrar vi que él no estaba ahí. Supuse que se estaba cambiando y como el café hervía lo fui a sacar. Sentí pasos detrás de mí y no pude evitar sonreír al sentir dos manos suaves qué rodeaban mi cintura pegándose a mí desde atrás. Serví el café para los dos sin sacarlo de detrás de mí.
Pedro: ¿Me re extrañabas no? –mientras apoyaba su cabeza en mí hombro-
Paula: Me encanta tú, como se dice… falta de egocentrismo.
Pedro: -comenzando a reír- Yo no soy así, solo que hago que soy así para hacerte reír.
Paula: No lo logras –admití-
Pedro: Pero te hago sonreír un poquitito, ¿o no? –comenzando a darte tiernos besos en el cuello-
Paula: Algo así. -sonreí-
Pedro: ¿Qué es eso de ‘algo así’? –interrogó el morocho-
Paula: -me di vuelta suavemente para no separarlo mucho de mí y además para no tirar las tazas con café- Algo así significa que sos la única razón por la cual vengo sonriendo, aproximadamente desde –miré la hora- desde que te conocí.
Pedro: ¿Desde los diez años? –sonrió-
Paula: En realidad, hablaba desde hace un mes, pero si queres tomarlo como desde los diez, tómalo de donde quieras.
Pedro: Lo tomo desde los diez, me gusta más –rió- ¿Tan linda tenés que ser?
Paula: -asentí con la cabeza- Nací así.
Pedro: Hola, después el egocéntrico soy yo.
Paula: Si, obvio –reí- Bobo, ¿tomamos el café?
Pedro: ¿Por qué la agresión digo yo? –separándose de mí y yéndose a sentar a la mesa-
Paula: -me senté a su lado- Porqué te Amo.
Pedro: Sí claro.
Paula: ¿No me crees que te amo? –lo agarré de los cachetes-
Pedro: Si bebota, como no te voy a creer –te besó tiernamente y luego tomó un sorbo de café prendiendo la tele- ¿Puedo dejar? –mirando Espn-
Paula: No. Saca fútbol, ¿hace falta desde temprano?
Pedro: ¡No! Pero mira, es River.
Paula: Y yo soy Pau, ¿Y? –Le saqué el control y cambié de canal-
Me miró con cara de enojo y yo reí. Seguimos comiendo tostadas y tomando café por un largo rato, hasta que ya se hizo la hora de ir a la empresa.















Capítulo 30 ♥: " Volverte a Enamorar "

Fuimos a la pieza de él y me dio una remera larga de él. La agarré y me saqué la remera. Pedro se me quedó mirando boquiabierto poniendo como excusa que no tenía derecho a vestirme así adelante de él. No tardamos en cambiarnos y yo me tiré en su cama. Pedro decidió bajar para pedir pizzas y así pasar la noche mirando un par de películas antes de dormir.
Me quedé mirando toda su pieza y le revise un cajón. Soy chusma, sí. Encontré un álbum de fotos y me lo quedé mirando. Era de la familia de Pedro, pero parecían actuales, porque él no estaba muy cambiado. Puse varios álbumes en la cama y comencé a verlos con paciencia mientras la tele seguía prendida. Seguí viendo fotos, fotos y más fotos. Eran muy tiernos él y sus hermanos, quería suponer que eran sus hermanos, con sus papás- Agarré el último álbum de los que estaban sobre la cama y había fotos de él pero esta vez, de bebé. Algo que me diera más ternura, no existía. Seguí pasando fotos y a medida que iba pasando las fotos Pedro crecía y crecía, su cara, sus rasgos, llegué a una foto en la cual tendría alrededor de nueve o diez años y no reaccioné. Pase otra foto y ahí estaba. Esa foto que había visto miles de veces en el cuarto de mi mamá, esa foto que amaba tanto y que había perdido. Esa foto de ese día en la plaza abrazados en el arenero, no podía ser, no podía ser él. Pedro entró a la pieza avisándome sobre las pizzas y al verme con las fotos, se tiró sobre la cama y me saco el álbum.
Pedro: ¿Que haces?
Paula: Había encontrado esas fotos.
Pedro: Me hubieras avisado, no me saques las cosas así -sin mirarme a la cara-
Paula: ¿Quién sos que tenés fotos conmigo?
Pedro: levantó la vista por primera vez desde que se lanzó a sacarme las fotos- no es momento de explicaciones ahora Pau.
Paula: ¿no es momento de explicaciones, de que hablas Peter?
Pedro: Pau es lo mejor.
Paula: ¿Que es lo mejor Pedro?, ¿Vos, Vos sos él? -lo miré- ¡contéstame Pedro!, ¿vos sos él? ¿Por qué no me acuerdo de vos?
Pedro: Linda va a ser mejor que hablemos mas tarde de esto, o mañana.
Paralizada quedé. Quieta todas las dudas me surgían. No me había curado, me habían mentido. Todo este tiempo me habían mentido. Por eso otra vez volvían los dolores de cabeza. Lo miré y mis ojos llenos de lágrimas llamaban a su abrazo- Me tomó en brazos y me acarició lentamente la cabeza. Sabía todo, el sabía todo.
Pedro: Mi amor, para.
Paula: Vos -miré la foto- vos sos.
Pedro: -me acariciaba la cabeza- Shhh, cálmate.
Paula: ¿Vos sabes todo? -levantándome y mirándolo con los ojos llenos de lágrimas-
Pedro: -asintió con la cabeza mirándome- Todo.
Paula: Pensé que esto se había terminado, pero no entiendo y vos. ¿Como sabes todo? ¿Mis papás te dijeron no?
Pedro: -negó con la cabeza sin mirarme- No ellos no.
Paula: ¿Y, quién?
Pedro: Yo ya lo sabía linda.
Paula: ¿Como que lo sabías?
Pedro: ¿vos sabes que te pasa, no?
Paula: Sí, sé que me pasa.
Pedro: Vos no te acordas lo que pasaba en tú vida antes del accidente.
Paula: No, nada.
Pedro: Estábamos juntos -con lágrimas en los ojos- siempre estuvimos juntos.
Paula: ¿Cómo? -las lágrimas cayeron más seguidas ahora por sobre mis mejillas-
Me abrazó más fuerte que antes pero ya no había nada que me haga parar de llorar. Seguía con esa amnesia que me había cagado la vida. Mi vida, la vida que todavía no recordaba, la vida que me habían sacado. La vida que no estaba, la vida de la adolescente feliz que se ve que tenía novio y era feliz. Ahora sin recordar absolutamente nada, estoy abrazada frente a él, mi novio actual, mi novio de los diez años, mi novio de toda la vida, al que siento como un desconocido y a la vez como al gran amor de mi vida. Lo abrasé todavía llorando.
Pedro: Mi amor, voy a estar acá siempre, ¿sabes? Siempre -acariciándome la cabeza- y sabes que no me interesa cuando, como y cuanto falta para que vuelvas a ser la Paula de la que me enamoré, ¿sabes por qué? Porqué te amo, y para mi seas la Paula que seas siempre me vas a enamorar, ¿si? Me costó volverte a enamorar -rió intentándome hacerme reír- te lo prometo que vamos a hacer hasta lo imposible para que vuelvas a ser vos, ¿si? te lo prometo -dándome un tierno beso en la frente-
Paula: ¿Como estás tan seguro?
Pedro: Porqué muy pero muy en el fondo, sé que la Paula que tiene los recuerdos más lindos de nosotros está y que no me va a fallar ahora que sabe que tiene que volver -me miró con ternura- ¿o miento?, ¿No queres volver a ser vos?
Paula: -asentí- ya no sé quién era yo.
Pedro: vos eras la personita más magnífica, única y perfecta del mundo. Vamos a hacer los estudios, te prometo que todo va a salir más que bien, ¿sí? Solo prométeme que no vas a dejar de lucharla.
Paula: Por vos -con los ojos mojados-
Pedro: No, por vos. -volviéndote a besar, te seco las lágrimas- hacelo por vos.
Paula: ¿Por mí? -soltándome de él y levantándome- ¿Me estas jodiendo Pedro?, ¿Por mi? Me mintieron, todo este tiempo me dijeron que estaba todo bien que había terminado todo el problema y ¿qué?, Sigo siendo la misma cerrada de siempre, ¡no me doy cuenta de nada!
Pedro: No es así bebé, no sabes quién sos.
Paula: ¡Por eso mismo Pedro! No sé quién soy, donde estoy, a donde voy, que pienso hacer de mi vida, no sé quién fui.
Pedro: Mi amor -me tomó de la cara intentándome calmar- ¿podes parar? necesito que vos creas en vos para ayudarte a recordar.
Paula: Nunca voy a volver a ser yo.
Pedro: Bueno, si sos así de negativa no vas a acordarte de nada.
Paula: ¡Peter tomo las pastillas de mierda al pedo! Durante -me quedé callada- ¿hace cuanto tengo esto?
Pedro: -agachó la cabeza- casi un año y medio.
Agarre la cartera y la revoleé sentándome en la cama y tomándome la cara llorando. Sentí que él se sentó al lado mío y su mano acarició suavemente mi espalda en forma de calmarme. Seguí llorando. Me perdí parte de mi vida por no recordar quién soy, ¿tan difícil era decirme que no recordé nunca nada? ¿Por qué seguir mintiéndome en la cara? ¿Cuánto tiempo más iban a seguir escondiéndomelo si yo no me daba cuenta? Me habían fallado todos, mis papás, mis amigos, Matías, Natalia, Todos.
No podía juzgarlo a él, si para mí recién lo conocía, cuando en realidad él es, él es el amor de mi vida. Me sentí caer en un vacío inmenso. Mi familia me había fallado. Otra vez. Sentí como si la vida que creía haber recuperado se iba de mis manos otra vez. Otra vez delante de mis ojos se escapaba ¿y yo? Yo no podía frenarla. Tenía miedo a levantar la vista, ya no sabía en quién confiar, quién me mentía, quién no, quién me amaba y quién no. No sabía si mi mundo era real, no sabía cuál era mi vida, no sabía, no sabía si la historia, MI historia era real. Solo sabía una cosa, él no me mentía. Solo era eso de lo que tenía gran seguridad. Él estaba de mi lado. Él me iba a ayudar. Él me amaba de verdad.
Levanté la vista y lo miré. Solo me abrasó. Y así hizo que me acostara y me durmiera sin dejar de acariciarme el pelo. Cerré lentamente los ojos quiénes todavía estaban llenos de lágrimas que no habían llegado a caer. Me dormí y al cabo de un rato él también lo hizo.

Capitulo 29 ♥

Ambos bajamos y él me agarró de la mano. Estábamos en la plaza que estaba a la vuelta de mi casa. Donde viví millones de cosas importantes en mi vida y en mi infancia. Me acercó a él caminando hacia la plaza, hasta llegar hasta el centro de ella. Me miró sonriente, sentía el roció debajo de mis pies en el pasto corto y suave de la plaza. Me miró y me besó- Lo besé como nunca y lo miré a los ojos, a esos ojos que me hacían sentir protegida, en paz, feliz. Sentí un par de gotas que caían en mi cabeza, él miró hacia arriba y se largo a llover de una manera exagerada. Y sí el invierno era así, inusual. Era como esa vez que nos vimos por primera vez, llovía como nunca. Me tomó de la mano dándome un dulce besó y separándose de mí para decir una simples y cortas palabras.-
Paula: Sé que va a quedar como un nene infantil que le dice a su amiguita después de jugar en tobogán, pero de otra manera no te lo puedo decir -me miró fijo y dulcemente me dijo- ¿Querés ser mi novia Pau?
Flashback:
Corrías riéndote a carcajadas, él te perseguía y sí, quién más que él. Tan lindo, tan dulce, tan perfecto. Corrías riendo a carcajadas, solo diez años. Corrías hacia el tobogán tirándote de él a gran velocidad y cayéndote en un arenero toda sucia. Él cayó detrás tuyo y te empujó, te diste vuelta riendo a carcajadas y él te miró con amor. Estaba horrible el día, pero totalmente horrible. Las nubes no dejaban ver el hermoso cielo color celeste, ni el sol que ni siquiera podía asomar sus hermosos rayos- Comenzaron a caer pequeñas gotas que se fueron transformando en gotas pesadas y de gran tamaño. Te miró y te levantó comenzando a correr. Vos reíste, y lo frenaste.
Paula: No te va a hacer nada el agua!
- Sí, tu mamá te va a retar si estás así mojada.
Paula: ¿Tenés miedo?
- Yo nunca tengo miedo.
Paula: ¿Y entonces?
- ¿Querés ser mi novia Pau?
Lo miraste tierna, y sonriente. Te gustaba desde que lo conocías, desde chiquitos. Desde esos seis años que jamás pudiste olvidar y que nunca ibas a olvidar. Sabias que no lo iban a sacar de tu lado. Ni nada ni nadie los iba a poder separar. Asentiste con la cabeza y el unió sus labios en un tierno y pequeño beso.
Fin del Flashback.
Pestañé varias veces mirándolo. Él te miró esperando la respuesta deseada, al principio tenía una hermosa sonrisa dibujada en su cara. Esa sonrisa dibujada, perfecta y hermosa pero al pasar unos minutos ya era una cara de preocupación.
Pedro: ¿Es cualquiera no? No ves que soy un boludo, cago todo.
Paula: No hey, no sos ningún boludo. Solo que me tildé.
Pedro: ¿Te tildaste, Con qué? -parecía esperando una respuesta satisfactoria de mi parte-
Paula: Nada importante.
Pedro: Segura.
Paula: Si -sonreí-
Pedro: ¿Si qué?
Paula: Si quiero Peter -sonreí-
Pedro: ¿De verdad? -mojado-
Me tiré sobre él besándolo como nunca abajo de la lluvia. Él comenzó a girar bajo el agua sin dejar de besarme mientras me abrazaba de la cintura.
Pedro: ¿sabes que soy el hombre más feliz del mundo no?, ¿Lo sabes?
Paula: Me lo estás demostrando -le acariciaste tiernamente la cara y lo volviste a besar-
Pedro: ¿Vamos a tu casa?
Paula: Mm no, vayamos a la tuya.
Pedro: ¿A la mía? -rió- Okey, si queres vamos, algo de comida debe haber.
Paula: Dale -lo volví a besar y de la mano fuimos al auto-
Nos subimos al auto de él, llovía peor que antes. Había una gran tormenta. Lo tenia de la mano mientras el manejaba y yo tenía mi cabeza apoyada en su hombro. El limpia parabrisas iba de un lado a otro, intentando sacar la cantidad de agua que caía del cielo. Habia unos relámpagos tremendos, y ni hablar de los truenos. El cielo estaba negro por las nubes, y no se veía ni una sola estrella. No tardamos en llegar a la casa de él. Era una casa sobretodo grande y muy lindo. Intentamos hacer lo más rápido posible y salimos del auto corriendo para no mojarnos, pero Pedro no podía poner la llave entonces nos terminamos mojando peor. Logramos entrar entre risas, empapados. Un asco los dos. Pedro tenía los pelos pegados a la cara y yo, no sé que era de mi pelo. Fuimos a la pieza de él y me dio una remera larga de él. La agarré y me saqué la remera. Pedro se me quedó mirando boquiabierto poniendo como excusa que no tenía derecho a vestirme así adelante de él. No tardamos en cambiarnos y yo me tiré en su cama. Pedro decidió bajar para pedir pizzas y así pasar la noche mirando un par de películas antes de dormir.

Capitulo 28 ♥

Lentamente volví a abrir los ojos y miré todo alrededor. Estaba media mareada. Ya recuperando la visión de lo que me rodeaba, apoyé mi mano sobre el mango de la silla y sobre ella apoyé mi cabeza. No podía de nuevo, ¿otra vez esos dolores? No aparecían hace años, ¿otra vez me dolía?
Ya con la vista recuperada guardé la caja de pastillas, aunque sin levantarme de la silla. Mi corazón latía a mil por hora. Pensé que esos dolores ya no estaban que todo habia terminado pero no, seguían pasando, y si pasaban más seguidos iba a volver a ir a lo del doctor González.
El resto del día se paso rápido hice una reunión para conocer a todos mis empleados quienes me hicieron sentir como en casa, eran compañeros de mi papá y además estaban Natalia y Sofía que me hacían sentir más cómoda todavía. Más tarde fui con Sofí y Nati a mi oficina y comenzamos a organizar cosas de la empresa. Firmamos miles de papeles y carpetas, ordenamos algunas cosas, atendimos casos. Alrededor de tres veces en el día me llamó Pedro contándome que hacían con Franco, y por qué me extrañaba. A eso de las seis de la tarde Natalia se fue por qué tenía planeado salir con Sulo, y más tarde alrededor de las siete y media mi mejor amiga también se fue. Miré algunas hojas que quedaban y como eran pocas las guardé en el cajón. Con una mirada sonriente y pícara guardé todo decidida a ir con él. Agarré mi cartera y salí cerrando. Me despedí de los que todavía estaban ahí, que no eran muchos y entré al ascensor marcando el piso diez.
No tardé en llegar cuando las puertas se abrieron. Era parecido al piso cinco, pero en él habia más hombres que mujeres, más jovencitos. Comencé a caminar, ya más suelta, aunque sin saber a dónde me dirigía ya qué yo no conocía donde era su oficina. Me crucé con dos chicos jóvenes y me paré a preguntarles.
Paula: Disculpen, ¿tienen idea donde está la oficina de Alfonso?
- Sí hermosa, acá derecho doblas a la derecha, al fondo -sonrió comprador-
Paula: -reíste- Gracias...
- Martin y Gonzalo. -se presentaron- ¿vos sos?
Paula: Paula, Paula Chaves, ahora me voy, no quiero llegar tarde. -comenzaste a caminar-
Gonzalo: Chau bombón.
Seguí camino sin darles bola, ¡que babosos son los hombres dios! Seguí caminando siguiendo las indicaciones que me habían dado los chicos hasta llegar a una puerta que tenia la misma placa que la mía pero con su nombre. Sonreí y golpié suavemente. Escuché un suave 'pase' del otro lado de la puerta y con la mano apoyada en la puerta hice girar el picaporte, y entré. Estaba sentado en su escritorio con ese traje que le quedaba tan bien. Era grande su oficina también. No levantó la vista y yo para no llamar su atención cerré suavemente la puerta. Me acerqué lentamente a él dejando sobre unos sillones cercanos mi cartera. Detrás de él, enredé mis brazos por su cuello y comencé a darle besos tiernos en el cuello.
Pedro: -sonrió mientras firmaba papeles- al fin llegaste.
Paula: ¿Tanto me extrañabas? -le dije sin dejar de besarlo.
Pedro: Muchísimo, me faltaba la novia más hermosa de todas...
Paula: La qué?
Pedro: Perdón -riendo- fue un... como se dice... deseo reprimido.
Paula: Mm asique deseo reprimido -torcí su cara para que me mirara, y él asintió- sos tan lindo.
Pedro: No más que vos -alejó la silla con rueditas del escritorio para hacer más espacio y así me tomó de la cintura sentándome sobre sus piernas-
Paula: -le agarré los cachetes estirándoselos y aplaste su nariz contra la mía- como extrañaba tu olorcito.
Pedro: ¿Olorcito a qué?
Paula: No sé, tenes un olor especial, olor a Pedro -sonreí-
Pedro: Sos tan linda -y así te besó-
Paula: vos también sos tan lindo -le devolví el tierno beso- ¿te falta mucho?
Pedro: No, casi termino. ¿Te quedas a esperarme?
Paula: Toda la vida. Me tiro ahí, en el sillón.
Pedro: Dale.
Estaba media cansada asique me habré acostado y a los diez minutos me habia quedado dormida. Se suponía que era poco lo que tenía que firmar pero habré dormido alrededor de media hora más. Al cabo de un rato, sentí una mano que suavemente pasaba por mi cintura. Sonreí y sentí que él y sus labios se acercaban a los míos. Me besó haciendo que yo abra los ojos y lo mire sonriente. Me acaricio la mejilla suavemente y me dio un beso en la frente.
Pedro: Veo que, estabas cansada... ¿queres ir a tu casa directamente princesa?
Paula: No -me incorpore sentándome en el sillón- vamos
Pedro: Pero tenés sueño -agachado delante de mí no me enojo, de verdad.
Paula: ¿Y te quedás conmigo?
Pedro: Dale, la sorpresa la dejaremos para el sábado y listo.
Paula: ¿Que sorpresa? -levanté una ceja.-
Pedro: La que te iba a dar, pero la dejamos para el sábado, vamos -me tomó de la mano y me levantó-
Paula: -me frené- No, ahora, ¿que sorpresa?
Pedro: -comenzándose a reír- ¿perdón? Te la diré el sábado.
Paula: ¡Peter! -le grité con un tono bastante agudo-
Pedro: ¡Paula! -imitándome- vamos.
Comencé a reír y lo seguí aunque todavía no me habia dicho que era la 'sorpresa' que me tenía que dar. Agarré la cartera y nos subimos al ascensor. No tardamos en llegar al último piso en el cual quedaban pocas personas y salimos en busca de su auto. Miré el cielo, estaba totalmente nublado, muy oscuro y con una leve neblina que nublaba la vista. No paré de preguntarle mientras estábamos en el auto cual era la sorpresa, no me la quería decir. Insistí varias veces hasta que se cansó.
Pedro: ¡Bueno, BASTA! No te aguanto más -rió-
Paula: ¿Me Decis entonces?
Pedro: Pero quiero que sea más lindo no acá...
Paula: -hice que frenara- acá está bien.
Pedro: baja entonces.
Ambos bajamos y él me agarró de la mano. Estábamos en la plaza que estaba a la vuelta de mi casa. Donde viví millones de cosas importantes en mi vida y en mi infancia. Me acercó a él caminando hacia la plaza, hasta llegar hasta el centro de ella. Me miró sonriente, sentía el roció debajo de mis pies en el pasto corto y suave de la plaza. Me miró y me besó- Lo besé como nunca y lo miré a los ojos, a esos ojos que me hacían sentir protegida, en paz, feliz. Sentí un par de gotas que caían en mi cabeza, él miró hacia arriba y se largo a llover de una manera exagerada. Y sí el invierno era así, inusual. Era como esa vez que nos vimos por primera vez, llovía como nunca. Me tomó de la mano dándome un dulce besó y separándose de mi para decir una simples y cortas palabras.-
Pedro: Sé que va a quedar como un nene infantil que le dice a su amiguita después de jugar en tobogán, pero de otra manera no te lo puedo decir -me miró fijo y dulcemente me dijo- ¿Querés ser mi novia Pau?

Capitulo 27 ♥

Pedro asintió y ambos se subieron al auto. Estabas nerviosa, muy nerviosa y se te notaba. Él también lo estaba, de vez en cuando te miraba esbozando sonrisas como para darte tranquilidad. La tranquilidad no te llegaba, y su sonrisas lo que menos te transmitían era tranquilidad. Llegamos a la entrada del edificio. No podías explicar lo que era, era ENORME. Un edificio de más de diez pisos, todo vidriado con una gran elegancia. Uno de los más hermosos del centro. Ambos parados adelante de la puerta, se decidieron a entrar, asustados, pero al fin entraron. No podías explicar lo que veías ante tus ojos. Era ENORME. Parecía un hotel de cinco estrellas. Lo miraste a Pedro y él te tomó la mano, parecía como que entendía cuando tenías miedo y lo necesitabas. Habia millones de escaleras y ascensores. El decorado, increíble. Blanco y negro, todo muy lujoso. Habia empleados por todos lados y al girar tu cabeza hacia el costado viste una placa plateada que decía en letras grandes: " Chaves&Alfonso Asociados; Presidente: Paula Chaves y Pedro Alfonso." Llena de orgullo le sonreíste y se acercaron a una chica que parecía ser la secretaria.
Paula: Disculpa, queríamos saber las oficinas que nos pertenecen.
-¿Ustedes son?
Paula: Chaves y Pedro Alfonso.
-Ustedes son los... ¡ay PAU mira lo grande y hermosa que estás!
Paula: -sonreíste- Gracias por el halago.
-De nada hermosa, vos Pau estás en la oficina del piso cinco, obviamente es la más grande, y Pedro estás en la diez.
Pedro: ¿Separados? -haciendo una mueca de enojo-
-Así parece que lo dicto el Señor Chaves.
Paula: -no pude evitar reírme- Gracias y hasta luego.
Comenzaste a caminar hacia el ascensor, Pedro te siguió atrás. Subiste esperando que él entre detrás tuyo y cerraste marcando al quinto piso. Él te miró y en cuestión de minutos te abrazo de atrás. Sonreíste y lo miraste.
Paula: ¿qué?
Pedro: Como AMO a mi suegro. -admitió entre risas-
Paula: ¿Qué, te pensaste que te iba a dejar bien cerquita mío como entramos ayer?
Pedro: Y no sé, capas... mira el yerno que tiene -guiñándote el ojo-
Paula: ¿Si?, el no debe creer lo mismo.
Pedro: Vos Decis? Pero si yo me porto bien, soy un ángel.
Paula: Mi cama no dice lo mismo -giré la cabeza y lo miré riendo-
Pedro: ¡Ah bueno! Después el desubicado soy yo, ¿no?
Paula: Obvio, vos sos un zarpado-
Pedro: ¿Yo, Zarpado? Vos sos rapidita.
Paula: Bien que la rapidita te encanta -le guiñé el ojo y el rió asintiendo- dale, córrete que ya llegamos al piso y no da llegar abrazados así.
Pedro: -te soltó- mala onda.
Paula: Muy -sonreí y tomándolo de la cara le di un pequeño pico sobre sus labios rojos y fríos- ¿tenés frío?
Pedro: Mas o menos, siempre se me enfrían los labios -sonrió y las puertas del ascensor de abrieron- Suerte bebé, no tengas miedo y cualquier cosa me llamas, ¿sí?
Paula: Dale, gracias. -sonreí y por primera vez desde que habíamos bajado del auto nos soltamos las manos.
Di unos pasos sin mirar lo que se encontraba en frente mío, giré para verlo otra vez y el sonrió tiernamente saludándome con la mano. Sonreí, me daba fuerzas. En cuestión de minutos las puertas del ascensor volvieron a cerrarse y ahora yo estaba sola en ese lugar casi desconocido. Miré a mí alrededor y vi el lugar. Había varias oficinas en el piso. El lugar estaba todo adornado, habia muchos adornos, era sobretodo un lugar moderno, habia varios floreros, y todo al igual que abajo era de color blanco y negro. Suspiré y di varios pasos en busca de alguien conocido, pero frente a tal decepción no habia nadie. Caminé mirando todo, observando las caras de los empleados y de repente vi frente a mí, una puerta que daba a una oficina diferente a las demás. En ella habia un cartel, parecido al de la entrada, en el cual decía mi nombre, 'Presidenta: Paula Chaves". Sonreí con alivio, por lo menos había encontrado mi oficina. Apoyé la mano en el picaporte de la puerta y lentamente la hice girar. Ella se abrió con mucha facilidad y entré. No habia nadie. Era un lugar hermoso, con vista a la calle y vidrios transparentes. También entonado con colores blanco-negro y un escritorio de roble marrón oscuro. Además tenías una biblioteca bastante grande con libros y varios muebles con cajones también de madera. Pasé mi mano acariciando el roble de mi escritorio cuando vi varios ramos de flores. Sorprendida agarré uno de ellos que tenía una tarjeta. La leí y no pude evitar sonreír.
'Hermosa, pasa, espero que te haya gustado el regalo, mucha suerte hoy, no tengas miedo sabes que estoy. Te quiere, Peter.'
Sí, quién más que él para dirigirse con tanta ternura. Sonreí deje el ramo y el teléfono que se encontraba sobre mi escritorio sonó repetidas veces. Al principio me asuste, porque me sorprendió, ¿quién podía llegar a llamar ahora? Me acerqué y atendí.
Pedro: ¿Como anda la bonita más hermosa?, encontró su oficina veo...
Paula: Sí así parece, es gigante, me siento de otro mundo.
Pedro: -rió detrás del teléfono- va a estar todo bien bebe, ¿confias en mi?
Paula: Si obvio, ¿pero como sabias donde quedaba?
Pedro: Porqué yo sé todo. ¿Como te sentís?
Paula: Bien, por ahora cómoda, va creo.
Pedro: ¿Cualquier cosa me llamas si?
Paula: ¡Dale, nos vemos entonces!
Pedro: Sí, si terminas antes venite, así cenamos en algún restaurant, ¿queres?
Paula: Me encanta la idea -sonreíste- nos vemos.
Pedro: Te quiero.
Paula: Más.
Cortaste el teléfono y sonreíste. Le pegaste una nueva mirada a tu oficina y te dirigiste a la silla. Camino a ella viste un cuadro en el cual estabas abrazada a tu papá de chica. Que buenos momentos esos, cuando por lo menos estaban junto a vos.
Cerré los ojos y sentí una puntada fuerte. Me agarré la cabeza y con ayuda del escritorio logré sentarme en la silla. El fuerte dolor no paraba, agarré mi cartera con un ojo entreabierto y el otro totalmente cerrado por el dolor y así saqué una cajita y una botella de agua. Abrí la pequeña cajita y saqué una pastilla blanca. Ni la corté, era grande. Me la metí en la boca y tras un gran sorbo de agua, la tragué. Lentamente volví a abrir los ojos y miré todo alrededor. Estaba media mareada. Ya recuperando la visión de lo que me rodeaba, apoyé mi mano sobre el mango de la silla y sobre ella apoyé mi cabeza. No podía de nuevo, ¿otra vez esos dolores? No aparecían hace años, ¿otra vez me dolía?

Capitulo 26 ♥

Por suerte, tus papás no hicieron preguntas al respecto de 'su entrada apasionada, ni tampoco lo hicieron los papás de Pedro. Gracias a dios. Pero sabias que algo te iban a decir. Habían quedado en quedarse un tiempo en Buenos Aires, por lo menos hasta el domingo. Y el domingo al mediodía, cenarían con ustedes y luego se irían.
El resto del día se pasó volando. No tenían mucho trabajo y mañana empezaban a trabajar en el edificio- Tus papás te habían dejado que Natalia y Sofía formen parte de la empresa, al igual que Zaira con Pedro. Eran las ocho de la noche, cuando decidieron partir cada uno para su casa. Le dijiste a Pedro que vaya para la suya, asique se fue con Zaira mientras que vos llevaste a Natalia a su casa y más tarde te fuiste cansada a la tuya. Al llegar comiste unos fideos con manteca que habían sobrado de la noche anterior y sin dar muchas vueltas te fuiste a dormir, mañana iba a ser un día cansador, MUY cansador.
La cortina estaba entre abierta, cuando te habías ido a acostar no estaba así, eso significaba que tus papás estaban en tu casa. Con los ojos entreabiertos miraste la ventana, todavía con sueño, mucho sueño. Un rayo de sol caía directo en tus ojos, algo que te daba más sueño del que tenias. Te tapaste la cara con la almohada pero ya era hora de levantarse. Eran las nueve. Nueve en punto. Bajaste con tu camisón sin cambiarte refregándote los ojos. A medida que bajabas la escalera sentías olor a café recién hecho y a tostadas calentitas. Y sí eran ellos. Al entrar a la cocina viste a tu mamá que te hacia tostadas con manteca. Te acercaste y la saludaste abrazándola como una típica nena cariñosa que extrañaba a su mamá.
Alejandra: ¡ay cuanto cariño! No sabes cómo te extraño nena, no sabes.
Paula: Mm -todavía dormida y sin soltarte de ella- supongo que lo mismo que te extraño yo. Igual, te digo, que me gusta vivir sola.
Ale: Y sí, me imagino. ¿Quién no quiere vivir sola, se te hace difícil?
Paula: No -pegaste una mirada a tu casa- ¿lo llevo bastante bien, o no?
Ale: Si la verdad que sí, estas demasiado ordenada.
Paula: -te sentaste esperando el café con leche que tu mamá te estaba sirviendo- ¿cuando llegaron?
Ale: Ayer, temprano. No queríamos molestarte acá.
Paula: Menos mal -tomaste un sorbo de café-
Ale: ¿Porqué menos mal? -sentándose al lado tuyo- ¿interrumpíamos algo si veníamos?
Paula: -reíste nerviosa- hay mamá, ¿que Decis?, ¿que vas a interrumpir?
Ale: Lo mismo que ayer en la oficina, capas... -y sí, era tu mamá, te conocía como nadie-
Paula: -no pudiste evitar sonreír- Basta.
Ale: Contame dale, andas con este chico... ¿Pedro?
Paula: ¡Hay mamá!
Ale: Dale -riendo-
Paula: No, no estamos juntos... todavía.
Ale: Hay, me cae bien como nuero.
Paula: Basta, córtala. Es algo despacio, nos estamos conociendo.
Ale: Yo no traía a la gente que 'conocía' a dormir a mi casa.
Paula: -arqueaste una ceja y alejaste la taza de tu cara- ¿A dormir?
Ale: Sí a dormir, a no ser que te estés comparando ropa de hombre... que no creo.
Paula: -abriste los ojos- ¿que encontraste?
Ale: -comenzando a reír exageradamente- Una cosa.
Paula: Dale mamá.
Ale: Una remera che, nada más... mientras vos te cuides.
Paula: Te fuiste por las ramas -te levantaste agarrando una tostada-
Ale: Te lo dije bien che-
Paula: Me das vergüenza ajena. -comenzándote a reír-
Ale: -rió- yo solo te advierto.
Paula: ¡Me cuidé! -gritaste mientras subías a tu pieza a cambiarte- ¡No tengo dieciséis años!
Ale: -riendo- Anda, chica mayor.
Entraste abriendo el placard, todavía entre risas. Extrañabas esas conversaciones con tu mamá. Miraste el placard y sacaste un pantalón de jean, oscuro y una remera blanca clásica. Te hiciste una colita alta y te pusiste botas negras. Estaba fresco. Agarraste una campera de gabardina negra y bajaste después de haberte delineado los ojos y haberte maquillado un poco. Tú mamá estaba sentada en el sillón. La saludaste sonriente y antes de salir te dijo que tenias un regalo afuera. Sin hacerle caso
agarraste las llaves y cerraste. Ahí estaba. Apoyado en su auto mirándote sonriente, con un traje de estreno negro que le quedaba muy bien más unos anteojos negros. Te mordiste el labio y te acercaste a él.
Paula: No pensé que te iba a encontrar acá, en la puerta de mi casa.
Pedro: No pensabas pero... acá estoy -sonrió y te dio un pequeño y tierno beso- Buen día princesa.
Paula: Buen día príncipe, ¿como durmió?
Pedro: Yo genial, aunque me hubiera gustado más dormir al lado tuyo... -sonrió-
Paula: Hoy capás... vamos

Capitulo 25 ♥

No pasó mucho tiempo cuando te cambiaste. Saliste lo más rápido que pudiste y tomaron un café. Todo era a una velocidad rápida, ya era tarde. Las once. Nunca llegaban a las once- Once y cuarto salieron de tu casa con su auto. Parecían un típica pareja de empresarios, felices y enamorados. Se sonrieron, y en cuestión de minutos estaban en la empresa a punto de ingresar. Apoyaste la mano sobre el picaporte de la puerta de vidrio transparente y ambos entraron muy elegantes vestidos sonrientes. Natalia sonrió, te conocía. Los dos con sonrisas en la cara y con anteojos negros sonrieron y saludaron a las dos encargadas de atender a la gente apenas entraban, tu amiga y su hermana. Pasaron rápido subiendo las escaleras para ir a su oficina, y ambas se miraron con miradas cómplices. Se habían olvidado de comentarles algo, pero creían que lo iban a ver apenas entraran. Abriste la puerta de espaldas, haciendo una maniobra rara mientras él te besaba. Sonreíste besándolo mientras el cerró la puerta también sonriendo, pero su cara cambió de expresión al levantar la vista hacia tu escritorio. Extrañada por su cara lo miraste y te despegaste de él rápidamente. Y sí, no era una situación cómoda. Paula: ¿Mamá, Papá, que hacen acá?
Y sí, tus papás eran dueños de todo lo que era tuyo ahora. Pero ellos tenían una empresa más grande en Estados Unidos, por eso no vivías con ellos, y antes cuando tu Papá estaba viviendo en tu casa era porque habían tenido una pelea con tu mamá. Tus papás eran los dueños de Chaves asociados en Estados Unidos, y como vos ya eras lo suficientemente grande te habían dejado a cargo, de la sede en Buenos Aires. Al lado de ellos estaban dos personas más, que a simple vista también creías que eran marido y mujer. Miraste a Pedro y él miraba a las otras dos personas en las otras dos sillas. Un sonido salió de su boca, mínimo, pero salió-
Pedro: ¿Ustedes?
Paula: ¿Los conoces? -lo miraste raro-
Pedro: Sí -más suelto- los conozco, son mis papás.
Tus ojos se abrieron como dos huevos fritos. Estabas entrando a tu oficina, en una situación no muy buena, y encima estabas enfrente de, quizás, tus posibles suegros.
¿Algo más te iba a salir tan bien?
Miguel: Pedro No sabíamos que se llevaban TAN bien -comentó tu viejo, siempre tan desubicado-
Alejandra: -codeándolo- No le hagas caso mi vida, ¿ni siquiera va a haber un abrazo para mamá? -sonrió y vos sin dudar la abrazaste como nunca, hacía tiempo no la veías-
Pedro hice lo mismo con sus papás y ellos se presentaron ya que vos no los conocías. Miguel y Alejandra. Simpáticos. Los cuatro se volvieron a sentar del lado de enfrente del escritorio de donde se sentaban ustedes y Pedro se fue a buscar una silla para sentarse a tu lado. Ya todos sentados, vos estabas al lado de él y enfrente de sus respectivos padres. Lo único que querías era que no hagan comentarios sobre la situación en la que los habían encontrado. Tosiste repetidas veces para romper el silencio y Nico se animó a hablar.
Pedro: Y bueno, ¿que hacen por acá? -mirándote de reojo-
Alejandra: Nada, va en realidad queríamos hablar con ustedes sobre algo...
Paula: ¿Sobre algo? -miraste a tu mamá- ¿Ustedes se conocen de algún otro lado?
Ana: Sí somos amigos y compañeros de trabajo. Chicos ustedes ya están asociados...
Horacio: Venimos a hablar de las empresas. -levantando la ceja, dijo tu papá-
Pedro: Sí, estamos asociados, ¿y?
Miguel: Y, como nosotros tenemos distintas sucursales queremos que ocupen la más grande de Buenos Aires.
Paula: ¿La más grande de Buenos Aires?
Ana: Sí, la más grande. ¿Se animan a trabajar juntos en el edificio de la empresa Chaves&Alfonso asociados?
No podías explicar lo que sentías. Siempre quisiste esto. Siempre quisiste que tu papá confiara en vos dejándote a cargo la empresa más grande de Argentina. Y se te estaba cumpliendo. Pero a la vez tenías miedo, vos en una empresa gigante con miles de empleados a tu cargo con solo, veinte años... era demasiada responsabilidad. Pero sabias que él iba a estar ahí, sabias que él te iba a apoyar en todo. Lo miraste, con una especie de 'sonrisa' y él te la devolvió en forma de aprobación. Miraste a tus papás y con miedo y seguridad te decidiste.
Paula: Sí Pedro está conmigo, lo hago.
Alejandra: Pedro, vos que Decis?
Pedro: Obvio que estoy con ella. -sonrió mordiéndose el labio y a la vez mirándote-
Paula: Entonces acá nos tienen -ambos sonrieron apoyándose en el respaldo de la silla y tomados de las manos, con las manos lejos de la vista de sus papás-
Miguel: Entonces, felicidades chicos, la empresa es suya.
Por suerte, tus papás no hicieron preguntas al respecto de 'su entrada apasionada’, ni tampoco lo hicieron los papás de Pedro. Gracias a dios. Pero sabias que algo te iban a decir. Habían quedado en quedarse un tiempo en Buenos Aires, por lo menos hasta el domingo. Y el domingo al mediodía, cenarían con ustedes y luego se irían.
El resto del día se pasó volando. No tenían mucho trabajo y mañana empezaban a trabajar en el edificio- Tus papás te habían dejado que Natalia y Sofía formen parte de la empresa, al igual que Zaira con Peter. Eran las ocho de la noche, cuando decidieron partir cada uno para su casa. Le dijiste a Peter que vaya para la suya, asique se fue con Zaira mientras que vos llevaste a Natalia a su casa y más tarde te fuiste cansada a la tuya. Al llegar comiste unos fideos con manteca que habían sobrado de la noche anterior y sin dar muchas vueltas te fuiste a dormir, mañana iba a ser un día cansador, MUY cansador.